LAS RELACIONES ARGENTINO-BRITÁNICAS
LA VISITA TURÍSTICA DE TONY BLAIR

 Cuando el radicalismo en la década pasada era oposición, criticó acerbamente toda la política de acercamiento con el Reino Unido, a raíz del conflicto de soberanía de Malvinas.
 La primera crítica correspondió a la reanudación de las relaciones al comienzo de la década del '90, bajo el paraguas del no tratamiento de la cuestión de las Malvinas.
 Ni que hablar de la política de seducción que practicó el ex Canciller G. Di Tella con los kelpers, ya que parecía que fueran seres a los cuales ni siquiera había que darle la mano (así ocurrió). Olvidándose gravemente que son habitantes y tal vez ciudadanos del territorio argentino.
 Así hizo Thatcher durante la guerra, nombrando a los isleños, súbditos de la Corono Británica.
 Hoy y desde 1999 el Gobierno de la Alianza, está alineado ideológi-camente con el laborismo inglés aggiornado a la derecha, vía ¡¡se-gunda vía!!.
 En verdad ni antes de 1999 ni después con el actual Gobierno, el Reino Unido nunca se sentó en la mesa de negociaciones, pese al voto favorable en el Comité de Descolonización de UN, y las declaraciones de apoyo de los países hermanos latinoamericanos y sus organizaciones de integración Mercosur, Grupo Río, etc.
 Lo cierto es que el Canciller A. Rodríguez Giavarini bajó a la me-trópoli inglesa -Londres- para profundizar la relación diplomática y llevar a cabo las coordinaciones con el Foreing Office sobre la visita fugaz, del 1er. Ministro Anthony Blair a la Argentina.
 El periplo de las relaciones de Argentina y de Gran Bretaña, desde 1983 ha sido dificultoso después del conflicto armado.
 Los acercamientos fueron muy condicionados a los avances en Malvinas, y en algunos otros aspectos ligados a los antiguos vínculos del siglo XIX y primera mitad del XX.
 Más allá del acrecentamiento del comercio bilateral y las inversiones británicas, que han alcanzado a unos U$S 4.800 millones en la década pasada, no son muchos los acuerdos diplomáticos logrados, tales como: la sede permanente en Buenos Aires de la Secretaría Permanente del Tratado Antártico, alguna forma de desminado de las Islas Malvinas y la reinstalación de la Cámara de Comercio argentinobritánica.
 Creemos que el campo militar bilateral ha sido bastante fructífero en acuerdos y trabajos conjuntos, tales como los ejercicios navales en el Atlántico Sur, la realización con fuerzas de paz en operaciones conjuntas en Kuwait, los Balcanes y Chipre. En ésta ejercen alternada-mente la jefatura de las tropas argentinas y británicas, que controlan la seguridad y la paz.
 La historia de las relaciones diplomáticas se reinicia en 1990; recién en 1991 se permite la visita de familiares de los caídos en las islas, en 1999 se reanudan los vuelos y el ingreso de los argentinos con pa-saporte; en febrero de 2001, barcos y aviones privados de bandera ar-gentina pueden viajar a las Islas.
 En la actualidad, los recientes encuentros entre el Canciller argentino y el británico Jack Straw han redundado en una relación más profunda que permitirá ir superando los resabios de la guerra del Atlántico Sur.
 La adhesión de los 26 signatarios del Tratado Antártico, para que Buenos Aires sea sede de la Secretaría del Tratado Antártico, consti-tuye un reconocimiento a la ciclópea labor que ha desarrollado la Argentina en el continente blanco y a la confianza depositada en nuestro país.
 El encuentro en Puerto Iguazú celebrado el 01.08.01 entre el nuevo líder del Nuevo Laborismo, Tony Blair y el Pte. de los argentinos, constituyó un hecho sin precedentes, pues se trata de la primera visi-ta de un premier británico a nuestro país.
 Lamentablemente, su breve estancia (2 horas) y elección poco representativa del lugar (Iguazú), hacen que esta visita no guarde el nivel adecuado que corresponde a un Jefe de Gobierno.
 La presencia de T. Blair significó un apoyo solidario al plan econó-mico del Gobierno de déficit cero y, sobre todo, a recomendar el adelantamiento de partidas del FMI de setiembre a agosto, para salvar las dificultades financieras.
 La frase fue simple: "Quiero repetir una vez más nuestras palabras de solidaridad con Argentina en estos momentos de gran dificultad y nuestro apoyo hacia el programa de cambio del Gobierno. Estas medidas entiendo que son difíciles para los argentinos, pero no existe una manera indolora de enfrentar estos problemas".
 En el evento, por supuesto, no dejaron de estar presentes los pi-queteros antiglobalización y los veteranos de guerra, de un lado y otro de la frontera.
 Lamentablemente en la "mateada" entre Blair y De la Rúa, más allá del Interés común en tratar de resolver la crisis, Blair no adelantó ninguna medida concreta, pero dejó que se estudiara con la co-munidad internacional, qué se puede hacer.
 En cuanto a la cuestión Malvinas, el Canciller argentino, más allá de calificar de histórica la visita de Blair, resaltó el "particular mejora-miento" de la relación bilateral y sostuvo que la soberanía de las islas Malvinas será negociada "sólo por medios diplomáticos", y destacó que constituye un tema "muy sensible y trascendente" que debe ser tratado "con mucho profesionalismo".
 "La soberanía argentina de las Islas Malvinas siempre será una as-piración argentina", subrayó el Canciller.
 En tanto Tony Blair dejó claro que tanto Argentina como el Reino Uni-do. Tienen sus respectivas posiciones sobre la cuestión de las Islas Malvinas y consideró: "No podemos modificar el pasado", acerca de la soberanía en el archipiélago austral.
 En cuanto al conflicto de Malvinas, llamó a dar vuelta la página de la guerra de Malvinas: Lo que pasó pertenece al pasado", dijo, y acotó:
"La Argentina estaba entonces bajo una dictadura militar ¡hoy es una democracia!".
 "La cuestión Malvinas no formó parte de la agenda".
J, P. Baylac: "Si bien se expresara la voluntad argentina de abordar la controversia y negociaciones bilaterales que conduzcan a una solución pacífica y definitiva".
 La réplica de la Federación de Veteranos de guerra no se hizo es-perar y en un comunicado, expresó:
 "El Estado Argentino ha decidido privilegiar lo urgente sobre lo impor-tante: Prescindir de la posibilidad de tratar el tema de la soberanía sobre las Malvinas es demasiado".
 "El Gobierno argentino dependiendo de que no figure no implica una tácita cesión de los derechos al Reino Unido".
 En esta etapa de las relaciones bilaterales, desde la época del Gobierno de Menem, el paraguas de la soberanía empezó a funcio-nar para posibilitar la actual relación. Con el fin de la Guerra Fría, en Occidente la negociación por vía diplomática será lo normal y la guerra lo excepcional.
 Sin duda, la cartilla de asuntos pendientes en la relación argenti-no-británica, es muy numerosa donde se destaca la discusión so-bre la soberanía de las islas del Atlántico Sur.
 Todo lo que se pudo conseguir últimamente de los "primos ideológicos" europeos de centro izquierda (que en setiembre se reunirán en Estocolmo) fue el levantamiento del veto británico para que Buenos Aires fuera sede de la Secretaría del Tratado Antártico, como un presente que atempere las asperezas del encuentro.
 El organismo es la Secretaría; representa la responsabilidad de ve-lar por la preservación de la Antártida, en armonizar la multiplicidad de intereses, a veces contrapuestos entre las naciones y organizaciones ambientales.
 Después de más de cuatro décadas (1959) el Reino Unido, levantó el voto que pesaba como una inexplicable resistencia a la lógica de la proximidad geográfica, unidad geológica continental y referencia histórica.
 Las tareas de la Secretaría del Tratado son múltiples en materia de prevención y conservación ambiental, control de asentamientos y la coordinación de las actividades científicas, con cuyos resultados se beneficia la humanidad.

  Los vecinos del Sur
 La Argentina tiene por vecino no deseado en el Sur de su territorio al Reino Unido, y a Chile, dos países que mantienen una relación estre-cha, desde la historia y que se vio patentizada durante la guerra de las Malvinas. Argentina tiene problemas limítrofes crónicos con el primero, incluso en la Antártida por superposición de sectores, por la jurisdicción de la pesca en el Atlántico Sur, el control ambiental y de las pesquerías piratas que asolan los mares continentales.
 En cuanto a Chile, es de desear que estos problemas no se repitan al sur del Beagle,
 La Patagonia argentina y la Plataforma continental operan como un Estado tapón entre el "país Malvinas" y Chile.
 La Argentina deberá mantener ocupada esta región austral, con un mayor desarrollo poblacional y productivo, ya que constituye área que son deseadas por otras potencias por diversas causas, sobretodo por constituir un espacio útil deshabitado y descuidado.
 De ahí la importancia que tiene mantener una relación estrecha con Gran Bretaña, donde los isleños de Malvinas no operen como una cuña para los buenas y crecientes relaciones bilaterales.
  Las visiones compartidas
 Por último, de algún modo, las relaciones Blair-De la Rúa se encuentran enmarcadas en un proyecto ideológico nacido en la pertenencia como miembros de la Internacional Socialista, que para el mandatario argentino arranca el 28 de junio de 1999, cuando dicha organización celebró por primera vez su encuentro en una ciudad latinoamericano (Buenos Aires).
 El Canciller argentino se ocupó de dicha correspondencia, definiéndola en términos de "visiones compartidas" sobre "la sociedad y el papel de la política, como los que recoge nuestra plataforma política de Gobierno y la difundida por el 1er. Mtro. Tony Blair".
 Por lo tanto, este encuentro de solidaridad y moralina diplomática en Iguazú, dada su debilidad de apoyo intrínseco, debió se reforzado enfáticamente con un llamado telefónico de real apoyo del Pte. de los EEUU y el envío inmediato en menos de 24 horas del Vice Secretario del Tesoro de ese país para respaldar al Gobierno de De la Rúa del ataque de los especuladores de Wall Street, evitándose su súbito aislamiento y caída.

En síntesis, lo mejor: la Secretaría del Tratado Antártico; lo menor: la solidaridad británica y lo bueno: el apoyo concreto del mandatario estadounidense.