LA ARGENTINA VISTA DESDE AFUERA
La necesidad de respaldo político interno

Los factores económicos no son los únicos que afectan a la durabilidad de la democracia. Las condiciones internacionales en este mundo cada vez más globalizado, predicen la supervivencia del régimen mejor que el nivel de desarrollo.
El total de democracias en la región y en el mundo, es cada vez mayor, como así tam-bién la participación de la gente y de la opinión pública a través de la mediática.
Cuando mayor sea la cantidad de democracias, más probable es que la democracia de un país sobreviva. En todas las cumbres de gobernantes de la región, la cláusula democrática se ha convertido en un reaseguro que expresa la voluntad política de la gente.
El efecto global es aproximadamente a su vez más importante que el regional o local.
En la reciente Cumbre de las Américas desarrollada en Québec-Canadá, la cláusula de-mocrática propuesta por la Cancillería argentina tuvo amplio apoyo de los 34 Ptes. democráticos presentes.
A nivel subregional para los socios del Mercosur ampliado, rigen iguales disposiciones desde que los 6 Ptes. del Cono Sur se reunieron en Ushuaia.
El clima internacional avanza y dicta sus leyes, encapsulando a las tiranías como la cu-bana, o a las nacientes FARC, que se abrogan ser un Estado dentro del Estado colombiano.
Argentina "se vacunó" contra los golpes de Estado promovidos por grupos político-económicos-financieros y ejecutados por militares hasta 1983, con el advenimiento de Gobiernos democráticos.
Con el Gobierno del ex Pte. Alfonsín, que abandonó su cargo 6 meses, antes a raíz de la encontrada hiper inflación desatada, Argentina se vacunó contra este flagelo monetario y a través de la Ley de Convertibilidad se ató el peso con un tipo de cambio fijo al dólar esta-dounidense hasta nuestros días, hasta convertirlo en una política de Estado, pese a los ata-ques del ex Pte. Alfonsín, que sigue sosteniendo que "es una trampa".
Esta variable macroeconómica es la que obliga a hacer ajustes en el resto de las variables económicas para ser competitivos.
La solvencia monetaria instalada en el BCRA, los encajes bancarios y los acuerdos mo-netarios de reaseguro, permitieron sortear las crisis monetarias de algunos países emergen-tes, sin corridas. Más aún, hoy día pese a la profunda depresión recesionaria de más de tres años, nadie retira sus plazos fijos de los bancos.
La independencia del Banco Central es clave en este desafío. No pasa lo mismo en el Bco. Central de Brasil, donde últimamente Arminio Fraga tiene que salir a vender dólares a diario para parar la depreciación del real (hoy 2,49 por dólar).
La legitimidad de la moneda es tan importante como la legitimidad política. Cuando se unen, se potencian. Cuando la segunda se deslegitima, afecta a aquella porque despierta temores e inseguridad.
La Reforma del Estado de los años '91-'95 con los profundos cambios introducidos en la apertura económica y financiera, las privatizaciones, la libre entrada y salida de capitales que aún perdura en el Gobierno radical de F. De la Rúa, significaron un reconocimiento internacional del ex Director Gerente del FMI, M. Camdessus como del N° 2, Stanley Fis-her, quien en su reciente exposición en el Congreso de ABA - Buenos Aires, ha reconocido las reformas como el mayor cambio efectuado en democracia, ratificado por el Congreso y los principales partidos políticos nacionales.
Las privatizaciones de las empresas de servicios públicos son hitos de cambio instru-mental y de políticas de Estado irreversibles.
El Estado ha vuelto al cumplimiento de sus funciones esenciales, aunque aún tiene mucho por hacer en materia de eficiencia y reducción del gasto fiscal con equidad social.
La apertura a los capitales extranjeros y la libre disponibilidad en cualquier moneda de sus ganancias, significaron una inversión extranjera en la última década por valor de U$S 127.000 millones, de los cuales U$S 55.000 millones provienen de los EEUU.
En el año 2000, la inversión fue de U$S 20.000 millones, de los cuales U$S 18.000 mi-llones corresponden a capitales del exterior. Ello quiere decir que más allá de la crisis coyuntural que hoy vive Argentina y el actual Gobierno, el capital internacional no especula-tivo confía en el futuro de Argentina.
Argentina tiene una baja tasa de ahorro interno del 18%, la mitad con respecto a Japón, el que más ahorra.
Sin embargo, el creciente régimen de capitalización de la seguridad social y el abandono del régimen de reparto, garantizan a Argentina la disponibilidad de un mercado de capitales local, facilitador del desarrollo y amortiguador de las crisis financieras que aún no han sido superadas en el Estado Nacional y provinciales.
La disponibilidad de equipos y fundaciones de economistas de gran valía profesional, sin mayores diferencias en cuanto al enfoque de las reformas fundantes del Estado argentino, ha hecho que más allá de la política, se instale una llamativa continuidad en la solución de los problemas económicos y financieros.
Sólo falta una fuerte decisión de la dirigencia política.
Pese a todas las recomendaciones efectuadas por organismos internacionales y locales para reducir el déficit fiscal, equilibrar las cuentas, aumentar la eficiencia del gasto, combatir la evasión y mejorar la recaudación impositiva y previsional, la dirigencia política por razones electorales ha venido demorando la adopción de medidas drásticas de corte del gasto público consolidado.
El Pte. de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Juan B. Peña ha dicho que "corregir el déficit es esencial porque la deuda externa es tan significativa que a pesar del blindaje financiero y del megacanje de bonos, las necesidades de financiamiento mantienen en nive-les exagerados, el riesgo país", y agregó:
"Tengamos presentes que los bonos argentinos en el mercado global son negociados por brokers internacionales cuyos precios y cotizaciones de compra-venta, son los que toman para medir el riesgo-país y determinan, así la tasa del interés y el costo de las emisiones. Es una consecuencia de la cartelización del mercado de la deuda pública".
El desafío de contar con un fuerte y propio mercado de capitales, con una plaza local de bonos que concurren a la formación de precios, liquidez y amplia acción al público es una variable a ser desarrollada, que como dice Peña: "podrían atemperar eventuales distorsiones externas".
Principios y valores de la identidad nacional deben estar presentes a la hora de las deci-siones de Estado.
En el Estado argentino las reformas tributarias equitativas y de Coparticipación Federal son impostergables. Pero requieren de un fuerte respaldo político, difícil de lograr en vísperas electorales.
Se ha dicho que "en el escenario del Pte (de la Rúa) no están las elecciones de octubre, está el país" (Nicolás Gallo, Secretario Gral. de la Presidencia).
Todos los esfuerzos realizados hasta ahora por la actual administración se dieron de bru-ces con los intentos de reducción del gasto fiscal.
Fue necesario que el crédito exterior se cortara y el interno fuera tan elevado en su costo, que el Pte. De la Rúa en un gesto llamó a la Unidad Nacional para resolver una cuestión de Estado.
Así hubo de escucharse de boca del Mtro. Cavallo en la celebración del 147° aniversario de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires: "reformular el plan fiscal en el nivel nacional y en el conjunto de las provincias con el objetivo de "ir rápidamente hacia el déficit cero".
Felizmente "el Gobierno se ha notificado que en los últimos días se ha generado en la ciudadanía una percepción clara sobre las razones que han deteriorado el crédito de la República. Y que esto hace posible una coincidencia entre el oficialismo y la oposición a fin de acordar nuevas políticas de Estado, al margen de la competencia electoral que se aveci-na"(C.Escribano-La Nación - 11.07.01).
El Mtro. Cavallo dejó claro que "los operadores políticos tenemos que demostrar que somos capaces de eliminar totalmente el costo excesivo de la política, de la ineficacia, la burocracia y el costo que impone la corrupción".
De las promesas a los hechos, hay un largo trecho en la Argentina. La burocracia prometedora está en franca decadencia, pero aún no en retirada.
La clase política está desprestigiada aquí y en el mundo. Recuperar su rol mediador y realizador llevará tiempo. Es hora que comencemos.
El consenso sobre la disciplina fiscal está instalado en la mente de los argentinos. Los ejecutivos de la política tendrán que hacerlo porque en este duro aprendizaje de la política con mayúscula, el clima internacional dijo basta. No va más.