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EL PJ Y SU AÑO CLAVE
El justicialismo, que gobierna las provincias más modernas
y los distritos más atrasados, presenta una proteica actividad
interna que potencia los contrastes. En octubre dará una batalla
electoral clave, su resultado determinará las probabilidades
de retornar al poder nacional en el 2003 o permanecer en la
oposición (pero acumulando dos derrotas consecutivas y devaluando
la actual poliarquía de su conducción). Una aproximación al
mapa del peronismo, con relación a los sistemas político y
electoral, muestra: · los gobernadores C. Ruckauf y J. De
la Sota parecen sintetizar su objetivo en dar una imagen de
eficiencia y creatividad gubernativa (marcando diferencias
con la Alianza), demostrando unidad hacia adentro y hacia
afuera del PJ; aunque en el PJ bonaerense sólo estaría definida
la candidatura a se-nador de E. Duhalde y la postulación a
la presidencia para el 2003 de Ruckauf; · De la Sota no sería
candidato para el 2003; esto no debería interpretarse como
un gesto hacia Ruckauf, sino como una estrategia para garantizarse
libertad de maniobra (se aparta de la pelea Menem-Ruckauf);
mientras Ruckauf debe comenzar a sumar voluntades a su proyecto
nacional; ambos apuestan a que C. Reutemann decida esperar
el turno del 2007; · Ruckauf y Duhalde tratan de contener
las internas en su distrito, toda vez que el ex gobernador
se juega su reivindicación como político y su futuro como
referente de la provincia; mientras Menem busca romper al
PJ bonaerense, la larga pelea con el menemismo perjudica la
performance electoral del PJ en general, para obviarla es
necesaria o una interna efectiva o una cumbre que definirían
liderazgos y conducciones; · el ex presidente Menem intenta
su vuelta desde abajo (primero, revalidar su titularidad en
el Consejo del PJ; segundo, constituirse en el único referente
de la oposición para el 2003) consciente de que sus bajos
índices de popularidad son un obstáculo se imagina capaz de
forzar a que el gobierno ate su suerte a su figura por sobre
la de otro; · la fuerza del justicialismo debe mucho a las
provincias chicas que configuran una palanca clave del sistema
electoral, sumada al control de algunos distritos grandes,
puede llevarlo a la victoria; el peso de los gobernadores
o su desgaste en la función, determinará el ascenso de nuevas
figuras (los enfrentamientos entre las principales figuras
quedarán relegados en pos del resultado electoral, aunque
podrán comenzar a percibirse nuevos alineamientos que marcarán
el futuro de la oposición); · el PJ percibe que, de mejorar
el perfil económico del país sus chances de efectuar una buena
elección dependerán en gran parte de una demostración de homogeneización
política; de esta manera, los referentes asumirían una tregua
para que el formidable aparato del justicialismo haga valer
su poderío; aunque después de 10 años de gobierno y sólo 2
como oposición es difícil constituirse en la alternativa.
En síntesis, nuestro sistema político está dividido entre
un partido potencialmente mayoritario (PJ) y una coalición
por el momento fragmentada (UCR-Frepaso); con una agrupación
laxa de fuerzas provinciales inclinada a prestar apoyo parlamentario
al gobierno. Desde la oposición, el justicialismo muestra
sus figuras sin una línea de acción clara. El formidable aparato
partidario y las gobernaciones que detenta son la base para
ganar la elección en octubre. La raíz de "movimiento" permite
soslayar las contradicciones en la búsqueda del poder.
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