LÍBRANOS DE LA DISOLUCIÓN Y LA DISGREGACIÓN

Tanto va el cántaro a la fuente, que alguna vez se rompe.
Parece que muchos argentinos, en acuerdo malévolo y trágico juegan con nuestro futuro, sosteniendo que no si hacemos lo que el Gobierno de turno dispone, en términos de último sacrificio, vamos al estallido social, al caos generalizado, a la disolución o más grave aún, a la disgregación.
El filósofo Enrique Valiente Noailles en forma una acertada y oportuna, ha escrito un artículo en La Nación del 10.06.02, pág. 19, titulado "La Argentina bajo el imperio de lo penúltimo", donde analiza este síndrome de lo penúltimo, "que todos los días nos atormenta con sus amenazas catastróficas y el fin de nuestros días".
Realmente estaríamos en el umbral de una última situación de caos frente al riesgo de la disolución nacional, según repite E. V. Noailles.
A su vez el Cardenal Jorge Bergoglio agrega: "¿hace falta que más sangre corra al río, para que nuestro orgullo heredado y fracasado reconozca su derrota?".
En contundente pronunciamiento de la Iglesia y durísima homilía el 25 de mayo, advirtió que "el peligro de la disolución nacional está a nuestras puertas".
Una imagen la proporcionan grupos que se han apoderado de las rutas nacionales y de los accesos a la Cap. Fed., violando la Constitución Nacional y las leyes que garantizan el libre tránsito, la seguridad de las personas y la propiedad privada.
Se requiere garantizar un mínimo de orden y protección a los derechos de los ciudadanos.
Hay sectores que juegan a debilitar las instituciones y al Gobierno.
Hace falta desarrollar mecanismos preventivos que impidan que los activistas, muchos a sueldo, siembren incertidumbre, autoritarismo, prepotencia, jaqueando a la administración del bien común, con total desprecio del resto de la sociedad.
Una encuesta mostró que el 89% es partidario del orden, que se liberen las calles, rutas y autopistas, mientras que sólo el 11% aceptó permitir los cortes.
Estos actos y otros atentados a la propiedad privada, secuestros "express", delincuencia de todo tipo y asesinatos de policías van en crecimiento, creando un notable clima de inseguridad.
Los militantes ya han advertido que no están para golpes militares ni nada que se le parezca.
Como dijo el Tte General Ricardo Brinzoni en el Día del Ejército, reiterando que
"En el estricto marco de la Constitución y las leyes, no vamos a permitir que la Nación se desintegre".
La prensa se ha ocupado con creces de señalar los peligros precedentes, pero a la vez ha creado un clima de zozobra por un lado, y por otro, dado un espacio que invita a los protagonistas del caos a seguir adelante, frente a la falencia de fiscales y jueces de la Nación y Provincias, encargados de velar por la buena representación del Ministerio Público y una justa administración de la justicia.
Debe superarse el "tono murmurador y quejoso de los medios de comunicación" dijo el Cardenal Bergoglio. Gestar debates y propuestas para salir de la crisis. Creatividad y voluntad sin desmayos para ir hacia delante. Con prisa y sin pausa.
Es bueno orar por una Nación extraviada, cómo encabezó la oración por la patria el Cardenal Bergoglio en la tradicional celebración del Corpus Cristi.
Tenemos que abandonar lo penúltimo para ocuparnos de lo primero, dice en filosófica frase Enrique Valiente Noailles.
El poder presidencial es la cabeza del Estado, dice Julio César Moreno.
Sin rumbo y sin timonel la nave del Estado corre riesgos de zozobrar en aguas tempestuosas.
No podemos avanzar con una suerte de parlamentarismo amorfo y falso (J. Vanossi) ni tampoco con una "junta" de Gobernadores que nos retrotraen a épocas de la Organización Nacional. Con el agregado que nunca falta algún caudillo provincial con aires autonómicos que contribuya a crear un clima separatista y de disgregación nacional.
Reconstruir la cabeza del Estado para legitimar el poder es lo primero.
Avanzar en democracia reformando las leyes electorales para permitir la renovación de la dirigencia es el mejor remedio preventivo para evitar el autoritarismo e imponer el respeto a la ley y el orden.