|
LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS
Un contexto nada alentador
Somos testigos directos de una de las mayores crisis de la
historia política argentina, es un momento de inflexión
en el cual las antiguas recetas cortoplacistas pierden validez,
se tornan ilegítimas y poco eficientes. La encriptada
Sociedad Política está ante una encrucijada
como producto de dos presiones difícilmente reconciliables.
" Presión de Base: Por un lado, esta fisura se
evidencia en la Sociedad Civil con manifestaciones
que minan la gobernabilidad y profundizan el desprestigio
de la Política toda. Así, la anomia, la fragmentación,
la atomización, la falta de identidad se
hacen evidentes en lo que podemos denominar superego
de la Sociedad Civil; mientras que el pan nuestro
de cada día se dificulta al ritmo de un avance sin
precedentes del desempleo, la subocupación,
la pauperización de los sectores medios,
la inseguridad, la inestabilidad y el peso de llevar adelante
emprendimientos tan básicos como la unidad doméstica.
Esas enormes dificultades para continuar viviendo
en un ámbito de tranquilidad actúan
como un motor de propulsión que expele cada vez con
mayor rapidez innumerables demandas hacia una Sociedad Política,
que se aleja de la ciudadanía y comienza a desarrollar
una política de amigo-enemigo. Entonces,
la polarización se hace manifiesta, dando
paso a un escenario de confrontación que puede desencadenar
en un vicioso proceso de lucha social.
" Presión Pinacular : En este sentido, la Argentina
sufre el "mal de las economías emergentes"
(que en un pasado reciente sufrieron México, Indonesia,
Tailandia, Corea del Sur, Rusia y Brasil, entre otros) en
un mundo financieramente globalizado que olvida
los mecanismos productivos al tiempo que muta
en un sistema especulativo, en el cual muy pocos
actores tiene un margen real de maniobra. Estos últimos
son los que, con el mero hecho de "calificar", pueden,
fácilmente, profundizar las crisis de países
que, como el nuestro, forman parte de lo que se
denomina "globalización pasiva" .
En este contexto para nada alentador, nuestra
democracia formal debe cumplir con el requisito
de elegir a quienes detentarán el Poder Legislativo.
Los comicios de octubre tienen la particularidad
de ser los primeros en donde regirán las
reformas constitucionales de 1994 para la elección
de senadores. Este sistema electoral, asigna dos
bancas en el Senado a la lista ganadora en cada
distrito y una a la lista que obtiene la segunda
pluralidad de sufragios.
Se dice que octubre será una prueba de
fuego para el actual oficialismo y que un fracaso
electoral significaría el agravamiento de la actualmente
débil gobernabilidad y, con ello, el acentuamiento
de esta profunda crisis. Sin embargo, con sólo
salir segundo en los distintos distritos, el Gobierno
estaría obteniendo más bancas que las que
hoy ostenta.
Por lo que el próximo resultado electoral
distinguirá popularidad de gobernabilidad.
En este sentido, resulta inconsistente el rumor que se corrió
por los pasillos del Congreso de que era "conveniente
posponer la elección".
= En resumen, tenemos dos o tres posibles lecturas
con respecto al resultado electoral de octubre. Uno, que mide
la popularidad del oficialismo y de los demás partidos
políticos; y que resultará de la interpretación
del total de votos que se obtenga a nivel nacional. Una segunda
lectura, viene a medir la gobernabilidad o la facilidad que
tiene un gobierno para tomar decisiones; que surge de la interpretación
del total de bancas que obtengan cada una de las agrupaciones
políticas relevantes.
Pero existe también un tercer lectura más importante
para el análisis. Nos referimos a la manifestación
de la crisis en el resultado electoral más allá
de la victoria o la derrota de algún u otro partido
político o coalición. La crisis actual se da
en todos los sectores del conjunto de la sociedad (económico
- político - social - cultural), a la que los parti-dos
políticos no pueden ser ajenos (más allá
de oficialismo y oposición). Este análisis debe
ser más profundo, abarcativo y sondear realmente qué
se va a votar en un contexto de descreimiento absoluto de
las tradicionales formas de hacer política.
Serán importantes manifestaciones de esta última
línea de interpretación indicadores como: deserciones
electorales, abstenciones, impugnaciones, votos en blanco
y, sobre todo, la búsqueda de la opinión de
la ciudadanía, porque la democracia más que
un procedimiento de asignar bancas debe ser un gobierno de
opinión.
|