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SOCIEDAD CIVIL
Buenos Aires, 29 de noviembre de 2000 N°
856 Año 17 Tomo 101
Cuanto más fuerte es la sociedad civil más
fuerte es la democracia. A su vez los regímenes democráticos
fortalecen la sociedad civil.
El concepto de sociedad civil no es nuevo. Ha cobrado nuevo
auge en los últimos tiempos, a raíz del achicamiento
del Estado, impuesto por razones de reducción del gasto
fiscal. Tampoco se trata de debilitar el Estado, sino de suprimir
burocracias que frenan su productividad, su eficiencia y eficacia.
El auge de la sociedad civil en algunos crea la ilusión
de que en un futuro habrá un Estado Mínimo.
Muchas de sus funciones se pretende que pasen a las organizaciones
no gubernamentales, para que estas a su vez instalen un orden
civil nuevo y justo. Esta visión utópica corresponde
más a países desarrollados y con un alto nivel
de civilización y calidad de la democracia.
En un Estado débil e incapaz, carente de autoridad,
rumbo estratégico y sentido de su misión resulta
más trascendente el rol que pueden desempeñar
las instituciones de la sociedad civil.
En países no centralistas ni autoritarios, el Estado
debería apoyar el desarro-
llo de entidades de la sociedad civil, creando y facilitando
condiciones adecuadas para el aumento, crecimiento y desarrollo
de dichas entidades civiles.
Por ejemplo, reducir tributos y tasas u ofrecer incentivos
fiscales para las sociedades sin fines de lucro. La esperada
ley de mecenazgo en el caso del Congreso Nacional de nuestro
país es un buen ejemplo de un posible apoyo.
Muchos creen que la sociedad civil sólo se ve impulsada
por las ahora de mo-da ONG, a raíz de su auge en los
países emergentes y/o en transición hacia la
de-mocracia.
El concepto de sociedad incluye también a los partidos
políticos y a las organizaciones del mercado, bolsas
de valores, cámaras de comercio y a las numerosas comunidades
étnicas y religiosas instaladas en un país de
inmigrantes como el nuestro.
Todas estas organizaciones desempeñan un papel político,
económico y social importante, pues constituyen un
núcleo de opiniones serio y formal que es escuchado
por el resto de la población, y por tan-to, influyen
en las decisiones políticas del Gobierno.
Cuando la autoridad pública se presenta débil
e indecisa, las entidades prestigiosas de la sociedad civil
juegan un rol importantísimo en el mantenimiento de
los standares de opinión ajustados a la racionalidad,
criterio y mantenimiento de políticas públicas
claras y continuas que reglen las buenas relaciones entre
el Estado y la sociedad civil.
Tampoco se trata de endiosar a la sociedad civil, pero en
momentos de crisis su aporte puede colocar al Estado y sus
administradores gobernantes en la disyuntiva de empezar a
cumplir con sus promesas electorales, abandonar las peleas
internas por espacios de poder, cuando accede al mismo una
coalición sin programa explícito de gobierno,
sin rumbo y sin la convicción de servir a la gente.
Hemos visto en los últimos tiempos que la dirigencia
política se sirve más de las instituciones en
que trabajan con fines personales de grupo o de partido. Se
ha perdido el sentido no sólo de la austeridad republicana,
sino también de ocuparse de la gente que ayer los eligió.
El gasto del aparato nacional y provincial se lo ha calculado
en más de $ 20.000 millones anuales, para pagar a po-co
más de 9.200 funcionarios con cargos electivos.
Así queda demostrado que los costos de la estructura
política son elevados.
No se observa un sacrificio en la dirigencia política
paralelo al que sufren las clases bajas y la pauperizada clase
media.
Esta sociedad civil empobrecida ya no puede financiar el
oneroso aparato de la corporación política instalado
en los niveles del Estado.
Basta el ejemplo de comparar la provincia de Chaco con la
de Cataluña, España, de 6.134.000 habitantes
y 134 legisladores, en tanto el Chaco con sus 962.000 habitantes
tiene 32.
El PBI de Cataluña es 39 veces superior a la provincia
argentina. Chaco es hoy una provincia pobre, inviable presupuestariamente.
La revolución tecnológica de las telecomunicaciones
y la informática ha acercado datos a la gente que puede
observar con claridad la manipulación que se hace del
poder y la sociedad con finalidad de servir al clientelismo,
el prebendismo, los apetitos personales de poder y riqueza
rápida y de partidos o fracciones.
Esta falta de criterio de reducción fiscal ha hecho
mella en la opinión pública y producido un gran
desencanto político.
La dirigencia está perdiendo credibilidad aquí
y en todo el mundo.
El abandono de la Ley de Solvencia Fiscal y el cambio de
discurso presidencial le ha hecho perder credibilidad al Mtro.
de Economía y al Gobierno.
Estamos viendo que de un tiempo a esta parte existe bastante
coherencia en los exámenes de los analistas económicos
que reviewúan la marcha del Gobierno. Ello constituye
una fuerte contribución de los órganos privados
de la sociedad civil.
La crítica al asfixiante poder del Estado con su
insaciabilidad fiscal a veces logra resultados.
En otras ocasiones, el gobernante desprecia el consejo local,
pero este olvida que la sociedad civil es cada vez más
global. Así es como en los mercados aparecen las calificadoras
de riesgo: Standart & Poors o Moodys, que califi-can
el riesgo y advierten a los inversores.
De modo que podemos concluir que la sociedad civil local
y global es un factor clave para el crecimiento económico
y para mejorar la calidad de la democracia.
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