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MERCOSUR: UN ESPACIO ECONÓMICO
EN DEGRADACIÓN
Los constructores de un Mercado Común del Sur cuando firmaron
el Tratado de Asunción soñaron con un gran espacio económico
de 200 millones de consumidores, que le daría fortaleza al
mercado local y se insertaría en el internacional como bloque.
Paulatinamente se llegó al arancel interno cero acompañado
de un creciente aumento del intercambio comercial que en 10
años escaló de 1.423 millones (1990) a 7.300 millones (2000).
El optimismo del Mercosur se ha empalidecido a partir de las
sucesivas devaluaciones de Brasil, las asimetrías políticas
monetarias y macroeconómicas; y por los numerosos conflictos
comerciales que no han encon-trado respuestas satisfactorias
a través de órganos permanentes para la solución de controversias.
La ansiedad por lograr la atracción de inversores directos
extranjeros ha desatado verdaderas guerras fiscales (para
dar facilidades) entre países y entre Es-tados provinciales.
Esta ausencia de órganos supranacionales, ni siquiera una
secretaría representativa de los cuatro socios, ha conducido
a una falta de representatividad de este nuevo y joven espacio
económico, que tampoco ha incursionado en emprender negocios
conjuntos extra zonales con un arancel único externo común
y con un programa decreciente para abrir los mercados y facilitar
los intercambios de bienes y servicios, en un mundo cada vez
más pequeño y global.
Ese mundo en cambio impregnado de pragmatismo, acción, velocidad
y costos, no puede esperar demasiado frente a la lentitud
que acompaña a los Gobiernos de los países emergentes periféricos.
La resistencia al cambio aparece de inmediato y una de sus
expresión más común es el proteccionismo, para unos pocos,
y que normalmente esconde acuerdos con los amigos del poder.
Así es notoria la política de subsidios a las exportaciones
del Gobierno de Brasil, que unida a la devaluación de su moneda,
genera una corriente comercial hacia Argentina, unilateral,
sin ningún tipo de compensación para los afectados por estas
continuas asimetrías.
Hete aquí que todo esta situación nos aleja de lo conceptual,
de un mercado común, una unión aduanera y ni siquiera una
zona de libre comercio, con claras reglas de juego.
Cuando se observan las últimas jugadas de la política de Itamaraty,
tales como:
> Las aspiraciones de liderar el Mercosur y la supuesta
zona de libre comercio sudamericana (ALCSA) para enfrentarse
al NAFTA, al ALCA y en particular al hegemonismo dominante
de los EEUU
> Una política de convergencia de giro de productos, bienes
y servicios hacia los puertos atlánticos brasileños, ignorando
otros espacios geoeconómicos, con direcciones estratégicas
transversales; p.e. la hidrovía Paraná-Paraguay
> La oposición al Plan Colombia de los EEUU
> La posición de abstención respecto de la violación de
los derechos humanos en Cuba, a diferencia de Argentina
Se aprecia cada vez con más nitidez que el Mercosur ha sido
y es un peldaño a partir de la constitución del bloque que
sirve a los intereses de Brasil y también como escalón para
incorporar a los países andinos de la Comunidad Andina de
Naciones -CAN- y así lograr una capacidad para negociar con
la Unión Europea, enfrentar el NAFTA y negociar como bloque
dentro del ALCA frente a los EEUU en su intento de constituir
una única zona de libre comercio bajo la égida del dólar.
Con el advenimiento de la Administración republicana, gestora
del ALCA y las urgencias de lograr un "fast track" para incorporar
rápidamente a Chile, antes que se entusiasmara demasiado con
el Mercosur, se han creado dudas y dis-crepancias entre los
socios del bloque.
Así, el Pte. Jorge Battle (de Uruguay) viendo las disputas
del Mercosur y los perjuicios a su incipiente industrialización,
está predispuesto a la negociación directa.
Argentina desea negociar y adelantar el ALCA al 2003. Brasil
después del 2005.
Con la llegada del Mtro. Ricardo López Murphy ya se conjetura
en Brasil por parte del Mtro. de Industrias, Alcides Tapia,
un mayor apartamiento al manifestar que
"Hay señales de que la Argentina va a negociar el ALCA por
su lado con EEUU y eso es muy preocupante para el Mercosur",
y agregó:
"tenemos varios puntos para acordar en el Mercosur antes de
que cualquier país del bloque discuta solo con EEUU".
En realidad, más que preocupante para el Mercosur es para
Brasil.
Una de las especulaciones del Bco. Central de Brasil es si
la Argentina abandona la convertibilidad, podría revertir
la dirección positiva del negocio comercial bilateral.
El Director Ejecutivo del Banco HSBC de Brasil, Carmine Rago,
estimó que el Gobierno Argentino todavía deberá pasar por
un "proceso doloroso" para enfrentar la actual crisis económica
y que "la convertibilidad con el dólar aguantará un tiempo
más; a lo sumo un año. Un cambio de Ministro no es suficiente
en el largo plazo".
El Mercosur en sus primeros diez años se puso en marcha con
gran ímpetu; hoy al término de la década acude a formas retóricas
y a estudios estadísticas, mirando más hacia el pasado que
al futuro. El relanzamiento es retórico.
Los Gobiernos no han sabido o querido diferenciar los conflictos
comerciales de la trascendente concepción de un área con una
política de bloque común, propia de la vecindad y unidad histórica
de pueblos nuevos que no han tenido los odios y rencores de
la guerra.
También la necesidad de conformar una sólida zona de paz que
brinde seguridad interior y exterior, que sirva como un atractivo
para la inversión.
Establecer acuerdos bilaterales y multilaterales para aumentar
la confianza entre los países de políticas de defensa transparentes.
Diseñar y ejecutar una política de integración física que
contemple el interés nacional y de bloque (no de un país en
particular) y facilite los negocios, por la vía de servicios
eficientes, veloces y de bajo costo.
Félix Peña, un avezado experto, sostiene que "el Mercosur
pertenece a una categoría de fenómeno Internacional, relativamente
reciente y sin muchos pre-cedentes históricos.
Se trata de la alianza estratégica voluntaria entre naciones
soberanas, que por mutua conveniencia se fija el objetivo
de compartir mercados, recursos y políticas públicas a fin
de poder mejor competir y negociar en el mundo".
A este fenómeno aún le falta recorrer un largo camino, el
Mercosur no generó disciplinas colectivas, las reglas han
sido pocas y no se cumplen los mecanismos institucionales.
Sólo se dispone de estructuras temporarias donde los intereses
locales superan los enunciados del ideario colectivo.
La solución de controversias no ha sido un ágil y eficaz instrumento
como para gozar de credibilidad en los países y en sus empresarios.
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