| VISIONES
Y VIAJE POR EL PODER
La esencia del poder
Siguiendo a Romano Guardini j, en el antiguo Testamento el
destino esencial del hombre aparece en el Génesis,
capítulo primero:
“Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra
imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces
del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre
cuantos animales se mueven sobre ella” y Dios creó
al hombre y los creó macho y hembra; y los bendijo
diciéndoles: “Procread y multiplicaos, y henchid
la tierra; sometedla dominad sobre los peces del mar, sobre
las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto
vive y se mueve sobre la tierra” (Gn 1,26-28).
La relación del hombre con el mundo consiste en el
don del poder, en la capacidad de usarlo y en el dominio que
brota de sí.
“El hombre no puede ser hombre y además ejercer
o dejar de ejercer el poder; le es esencial hacer uso de él.
El Creador de su existencia le ha destinado a ello.
El hombre no tiene poder como un derecho propio, autónomo.
El dominio se convierte en obediencia, en servicio. “En
primer lugar, en el sentido que debe ejercerse de acuerdo
con la verdad de las cosas”… “La naturaleza
del hombre es diferente de la del animal” … “El
hombre, mediante su dominio no debe erigir automáticamente
su propio mundo, sino completar el mundo de Dios, según
la voluntad divina como mundo de la libertad humana”,
dice Romano Guardini, el filósofo y teólogo
alemán, uno de los sabios más populares y famosos
que haya tenido la Iglesia Católica en el siglo XX.
Para Guardini “el hombre debe conseguir la libertad
del conocimiento, el poder sobre las cosas y la plenitud de
la vida. Por creación todo esto se encuentra inserto
expresamente como don y como tarea, en la naturaleza humana”.
“Todo esto significa que el hombre debe conseguir el
dominio en su más amplio sentido, pero permaneciendo
sumiso a Dios y ejerciéndolo como un servicio.
El hombre se ha convertido en soberano
Guardini dice que “el hombre debe convertirse en señor,
pero sin dejar de ser imagen de Dios y sin aspirar a convertirse
en el modelo mismo”.
Tanto antes como después, ayer como hoy, el hombre
posee el poder y la posibilidad de dominar. Pero el orden
dentro del cual tenía sentido el poder “porque
era servicio y estaba garantizado por la responsabilidad ante
el auténtico Señor ha sido trastornado”…
“Según la doctrina de la Biblia el fenómeno
puro del poder y del dominio procedente de él no existe
ya”.
“Los hombres en conocimiento del bien y del mal caen
en el engaño y aspiran a ser soberanos por derecho
propio”.
El poder induce al orgullo y al desprecio del derecho.
La enseñanza más alta es la de la moderación
y la justicia. Al hombre violento se contrapone el que guarda
la moderación, mantiene el derecho y el respeto por
la justicia.
Pese a todo, queda la posibilidad de la redención en
el mensaje cristiano. Pero para R. Guardini a lo largo de
la Edad Moderna ha perdido su sentido, la humildad.
“Hoy esta palabra aparece como sinónimo de debilidad
y de pobreza vital y aún de cobardía, cuando
en verdad en el sentido cristiano la humildad es una virtud
de fuerza, no de debilidad”.
“Humilde es el fuerte, el magnánimo, el audaz”.
El riesgo del poder al ejercer la violencia en todas sus formas,
perder los criterios ha conducido a la situación actual
del desorden del poder que vive hoy la humanidad.
La ciencia y la técnica y el carácter
del poder
La ciencia y la técnica da al poder un nuevo carácter.
La naturaleza es investigada, las energías son aisladas
y cada vez dominadas más y más.
La máquina se convierte en un refuerzo de la capacidad
natural. En el curso de su evolución se desliga cada
vez más del hombre vivo.
Las diferentes máquinas se relacionan entre sí.
Siguen obedeciendo a la voluntad del hombre, siguen cumpliendo
los fines señalados por el hombre, pero a la vez adquieren
más autonomía.
La máquina cuanto más se perfecciona, más
se aleja de la relación personal y surge el consumidor
moderno, al cual le son prescriptos en parte por el “efecto
demostración”, que se derrama velozmente a toda
la sociedad a través de la mediática.
Resulta así que si la naturaleza y sus obras son dominadas
por el hombre, este mismo es dominado por el hombre, que lo
introduce en la organización.
Para Guardini, este proceso va desarrollando un tipo humano
“no humano”, que significa una creciente incapacidad
de sentir, una frialdad de corazón.
En definitiva, una mayor indiferencia con respecto al hombre
y a las cosas de la vida.
A la disolución de la creación orgánica
corresponde otra clase de disolución: la de las estructuras
humanas de la vida.
- La familia pierde su significación articuladora y
ordenadora
- El municipio, la ciudad y el Estado se sustentan cada vez
menos en las familias, los grupos de trabajo y las corporaciones
- Las ciudades se parecen entre sí
El resultado es que se forma un tipo de hombre que vive el
momento, que aparece como agobiado, con posibilidad de ser
desplazado a voluntad y de allí estar predispuesto
a ser manejado por el poder.
Las dependencias recíprocas sean económicas
o políticas, son cada vez mayores. El modo de vivir
y hasta el de vestir es cada vez más sistémico.
Tenemos la impresión de que el hombre y en cierto modo
la naturaleza están cada vez más a disposición
del dominio del poder económico, tecnológico
y regulador del orden estatal e internacional. Así
el hombre dispone del hombre, el Estado subalterniza al hombre
disponiendo de su vida y hasta de su hacienda, y el sistema
hoy globalizado dispone de la vida.
Las normas éticas pierden su vigencia, y su influjo
moderador sobre el uso del poder es cada vez más menor.
Lo ético y lo moral van siendo reemplazados paulatinamente
por el exitismo, la imagen de moda y el efectismo.
El contenido religioso de la vida también desaparece.
La religión se borra del Estado y la fe cristiana pierde
influencia. Las cosas se convierten en entidades calculables,
favorables o desfavorables.
El hombre puede disponer de más cosas y del hombre
mismo.
Un análisis de la situación indica que la crisis
de nuestro tiempo parece ir aceleradamente hacia una catástrofe
global en la medida que el hombre no asuma sus responsabilidades
de aplicar una ética del poder y del buen empleo del
mismo poder que detenta.
La guerra y el terrorismo son amenazas que existen y al que
el hombre aún no ha podido dominar. También
estamos destruyendo el interior del hombre.
Cuanto mayor es el poder, tanto más fuerte es la tendencia
de ir por el camino fácil; o sea, por el de la violencia.
En la medida que el poder no está ligado al respeto
a la ley y a las instituciones, el poseedor del poder se vuelve
cada vez más tirano.
La ventaja política y la utilidad económica
y técnica se colocan por encima del hombre.
El sentido del poder
Para la época futura lo importante no es el aumento
del poder, que seguirá creciendo cada vez más
a un ritmo acelerado, sino su dominio.
El hombre tendrá que elegir entre dominar el poder,
ordenarlo o entregarse a él y sucumbir.
En la Edad Moderna –dice Guardini- se creyó sin
más que todo aumento del poder técnico basado
en la ciencia, constituiría un provecho. Ello le daría
un sentido más definido y una mayor riqueza de valores.
La seguridad de esta convicción se ha quebrado y justamente
esto indica el comienzo de una nueva época.
La conclusión es que este creciente poder nos amenaza
a nosotros mismos.
El filósofo Paul Virillo (2002) se refiere a la inminencia
de un peligro que crece en lo que llama las tres bombas, con
capacidad de destrucción planetaria: bomba nuclear,
la bomba informática y la bomba genética.
La transición
A esta generación de fin de siglo XX y principios
del siglo XXI, le ha correspondido el privilegio de asistir
al derrumbe del viejo orden internacional, de una ideología
que controlaba la mitad del mundo, que ha asistido a una transformación
radical de la economía, el surgimiento explosivo de
más de veinte naciones y el descenso de una gran potencia
mundial: la Unión Soviética.
A diferencia de otros grandes acontecimientos, en el orden
internacional no hubo una guerra, sino que fueron protagonistas
los pueblos, la gente que se erigió en contra de los
regímenes absolutistas.
Nos toca vivir una época de transición de un
sistema internacional a otro cuyos perfiles son aún
imprecisos.
La estabilidad, la seguridad y la vulnerabilidad de un nuevo
orden internacional dependerá en gran medida de la
posibilidad de construir un mundo armónico, equilibrado
y solidario (César Gaviria Trujillo, Pte. de Colombia,
1992).
A propósito de ello, en la Declaración de la
Cumbre de la Tierra de Johannesburgo sobre Desarrollo Sustentable
se estableció “el compromiso de construir una
sociedad global, humana, equitativa y conocedora de la necesidad
del a dignidad humana de todos los habitantes del Planeta”.
La globalización: una nueva forma de poder
Los Estados han perdido gran parte de la soberanía
que tuvieron y los políticos mucha capacidad para influir
en los acontecimientos. “No es sorprendente que nadie
respete ya a los líderes políticos o que nadie
tenga mucho interés en lo que tienen que decir”,
dice Anthony Giddens, fundador de la Tercera Vía.
La era de los Estados-Nación ha terminado. Como dice
el escritor financiero Keniche Omae, los Estados se han convertido
en nuevas “ficciones”.
La idea de la globalización según los escépticos
es una ideología propagada por librecambistas que quieren
desmantelar los sistemas de bienestar y recortar de los gastos
estatales.
Ha surgido un nuevo poder ayudado por las computadoras, el
internet y las nuevas comunicaciones.
La creación del dinero electrónico movido por
las computadoras no tiene paralelos en otra economía
del pasado. Inversores, bancos, empresas, fondos de inversión,
mueven diariamente cantidades enormes de capital de un lado
al otro del mundo con sólo apretar la tecla de enter.
Se manejan más de mil millones de dólares cada
día en los mercados mundiales de capitales.
Valga sólo este ejemplo para simbolizar que la globalización
es una serie compleja de procesos y no uno solo. Muchas identidades
culturales locales tienen posibilidades de resurgir. Se crean
identidades culturales dentro y fuera de los países.
No sólo los Estados y las presiones están instaladas
en este gran sistema de la Red.
Los países que entienden el fenómeno los coloca
en el camino de la prosperidad; en tanto, hay una mayoría
de Estados y pueblos condenados a la miseria.
La globalización se está descentrando cada vez
más, no se encuentra bajo el control de un grupo de
naciones y menos aún de las grandes empresas. Sus efectos
se sienten en todo el mundo, no sólo en Occidente.
Estos cambios afectan la naturaleza del poder. Produce de
algún modo, una colonización inversa. Ya hay
ejemplos concretos en varios Estados de los Estados Unidos
latinizados, la creación de un sector tecnológico,
globalizado dentro de la India, etc.
Giddens pregunta si la globalización es una fuerza
que promueve el bien común. Si se piensa en términos
económicos por ahora la respuesta es desfavorable,
dada las enormes diferencias entre ricos y pobres, entre Estados
desarrollados y en vías de desarrollo.
Se ha creado una sociedad cosmopolita global que está
transformando nuestro modo de vivir.
La Declaración de Johannesburgo de nuevas formas de
producción y de consumo, independientemente de donde
nos encontremos.
“No hay a la vista un orden mundial dirigido por una
voluntad humana colectiva”. Más bien está
emergiendo de una manera anárquica, casual, estimulado
por una mezcla de influencias.
Nos ocurre a diario que estamos presionados por fuerzas sobre
las que tenemos más poder alguno.
La impotencia que se experimenta surge de la debilidad de
las instituciones y de los hombres frente a los nuevos poderes.
La globalización no es accesoria, es un giro en las
propias circunstancias que rodean nuestras vidas.
Las alteraciones son de tal magnitud que tendremos que aprender
a vivir con el riesgo. El riesgo se refiere a peligros que
se analizan en relación al futuro.
La gran ruptura de los valores sociales
La ruptura del orden social a través del progreso
tecnológico no es un fenómeno nuevo.
Las revoluciones industriales, tecnológicas, biotecnológicas,
informáticas y de las telecomunicaciones, producen
fenomenales cambios en los hábitos y costumbres de
los pueblos.
El orden social no se construirá sólo a través
de la interacción descentralizada de individuos y comunidades,
también necesitará ser reconstruido.
Esto significa tanto acción como inacción por
parte de los gobiernos. Hay un ámbito claramente definido
en el cual el gobierno puede actuar para crear un orden social
que llegue a la gente.
Las políticas gubernamentales, fomento a la
educación
La tecnología en la relación entre el hogar
y el trabajo está mostrando una nueva capacidad de
recuperar la familia nuclear a una vida más integrada
y armónica, de la cual nos privó la industrialización:
el trabajo en el propio hogar.
Los avances tecnológicos están generando cambios
en los horarios y esquemas de trabajo. La Work Foundation
dice que:
“Son cada más las personas que prefieren trabajar
en un horario que se amolde a sus necesidades empresarias
y a otras cosas que desear hacer fuera del trabajo”
… “Los avances tecnológicos facilitan en
mucha mayor medida que la gente sea más elástica
respecto de cuando y donde desarrollar sus tareas laborales.
Además el fenómeno de la globalización
significa que hay más compañías que necesitan
gente con disponibilidad horaria en todo el mundo para que
trabajen en distintos turnos, tanto de día como de
noche”.
El Centro Nacional para la Investigación Social (Londres)
elaboró un informe en el que advierte el creciente
número de padres que trabajan los fines de semana y
cambien los horarios de oficina para pasar más tiempo
con sus hijos.
A esta modalidad se la ha denominado “paternidad rotativa”.
Las madres van temprano a trabajar y los padres llevan los
chicos al colegio y trabajan más entrada la tarde.
También existe “el trabajo vampiro” que
modifica el estilo de vida. Se trabaja de noche para estar
libres durante el día y dedicarlos a la familia y a
la vida social. “La Nación 13.10.03, pág.
5).
Francis Fukuyama ƒ advierte que “las sociedades
que han quedado atrapadas en la escalera sin fin del progreso
tecnológico se encuentran con que tienen que caracterizarse
y evolucionar una y otra vez a fin de adecuarse a las cambiantes
condiciones sociales”.
La producción mecánica traslada la gente del
campo a la ciudad y separa a los maridos de la familia, mientras
que la tecnología informática los vuelve a trasladar
al campo y al mismo tiempo empuja a la mujer hacia el entorno
laboral.
La transición hacia la era pos industrial tiene costos.
La gente se puede adecuar a todas las condiciones nuevas,
pero a menudo la tasa de cambio tecnológico, excede
la tasa de adecuación social cuando la provisión
de capital social no coincide con la demanda, la sociedad
tiene que pagar costos muy altos.
Ello ocurre cuando el poder de las nuevas tecnologías
en su veloz derrame, produce fuertes desequilibrios enfrentando
a las sociedades, a los pueblos, a las culturas y a las civilizaciones.
En síntesis el hombre por medio de
la investigación, la ciencia y la transformación
se apodera de las cosas en forma cada vez más rápida.
El hombre en su afán de poder alcanzó un estado
crítico y nos amenaza.
El poder técnico fue creciendo, pero algo se ha quebrado.
La vida moral no se elevó. Se deterioró.
Estamos al comienzo de una nueva época.
Director Propietario: Lic. Julio Juan Bardi
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