LA POLÍTICA LATINOAMERICANA DE BUSH Y EL DEFAULT ARGENTINO

Diariamente durante diciembre de 2001 y los primeros días de enero de 2002 hubieron declaraciones de distintos funcionarios de la Administra-ción Bush y del mismo Pte. de los EEUU respecto de los contecimientos que se sucedían en la Argentina.
La llegada de G. W. Bush al Gobierno significó inicialmente una declara-ción casi amatoria de que la prioridad de los EEUU serían las Américas y en especial los vecinos al Sur del Río Grande, comenzando por supuesto por el socio mexicano. Así es como la primer jugada fue con el Pte. Fox y por vía de un intercambio de visitas en sus respectivos ranchos, vistiendo con jean de vaqueros.
Hubo una tríada de definiciones que el Pte. Bush acuñó y que el Dpto. de Estado no instrumentó, al punto que ni siquiera se cubrió el cargo de Subsecretario de Asuntos Interamericanos, cuyo nombramiento mantiene en cápsulado el Senador demócrata Dodd en el Congreso.

El fin de la prioridad latinoamericana
La guerra asimétrica desatada tras la caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono, recolocaron la política exterior de EEUU en su tradicional centro de interés nacional, la lucha por el poder entre atlantistas y continentalistas, entre poseedores de las fuentes de energía petrolera y los mayores consumidores mundiales, el control del mercado de la droga (heroína y cocaína) y el crimen económico organizado internacional con sus 35 paraísos fiscales que incentivan la evasión y el mercado negro en la recesiva economía mundial.
La idea del ALCA del viejo George Bush, materializada por Bill Clinton en 1994 en la primera Cumbre de las Américas en Miami, quedó demorada por la falta de apoyo demócrata al "fast track", y sólo recién ahora y bas-tante a regañadientes, bajo el nuevo rótulo de Autoridad para la Promoción del Comercio tendría aprobación del Congreso en el presente trimestre y podría servir para impulsar las necesidades comerciales de los EEUU (continentalizar los acuerdos comerciales), más que a los países latinoamericanos, pues éstos atraviesan una difícil crisis de inversión, crecimiento y empleo.

El fin del Consenso de Washington
En Argentina, el modelo de experimentación del Consenso de Washing-ton en la década del '90 se desmoronó por falta de las reformas estructurales, que la dirigencia argentina no quiso o no pudo instrumentar. El FMI y el BM, instrumentadores del proyecto fracasaron. Y ahora analizan los errores y las culpas propias y ajenas.
A todo esto la Administración Bush abandonó la política anterior de Bill Clinton de que el FMI fuera el prestamista de última instancia.
En 1994 Bill Clinton ante el default mexicano abrió la billetera de la Ca-sa Blanca y ordenó un auxilio inmediato al BC de México de U$S 20.000 millones.
En el caso argentino, cuando Argentina seguía la misma dirección que México, Bush debía dar la orden de rescate. Sin embargo, asesorado por el Secretario del Tesoro, O'Neill, Bush fue quien decidió suspender la ayuda del FMI, porque según el New York Times quería dejar en claro que de ahora en más "no habrá más paquetes de rescate para nadie que no tenga un programa económico sustentable".
El riesgo de la decisión "antipaquete", es doble. Por un lado, hay países cuya sustentabilidad financiera está en duda La pérdida de soberanía monetaria con la dolarización de Ecuador y Nicaragua se ha detenido. Ar-gentina se inclinó por la devaluación y dos tipos de cambio.
La caída de Argentina aleja a los inversores de los países emergentes. En particular en el año 2002 de recesión mundial y latinoamericana (1% de PBI o menos). Todo indica que no habrá efecto dominó masivo, sin perjuicio de cierta devaluación de las monedas locales como la uruguaya (2,4% mensual) que acelerará su caída y aumentará su banda de flotación.

La paz social
La negativa de auxilio de Washington significa por ahora el temor de que la crisis argentina desate las fuerzas antiglobalistas (v. gr. San Pablo), antineoliberales (del alfonsinismo, la Internacional Socialista y la doctrina Social de la Iglesia), todo lo cual aceleraría la creación de un nuevo frente liderado por Brasil en alianza con Argentina y Venezuela, y en parte por el México profundo (antiyankee).
Washington, con el retorno del Justicialismo al poder teme las políticas populistas y proteccionistas, pero también teme los brotes anárquicos, de los saqueos, de la violencia de los grupos radicalizados y sobre todo los de la clase media lanzada a las calles probando su capacidad de voltear Gobiernos débilmente legitimados.
Por todo ello parece que tambien para los EEUU, lo primero es lo primero y el Pte Duhalde. pacifique el país, es más potable que la negociación fi-nanciera
Un default de U$S 140.000 millones es para el mundo financiero, un hecho gravísimo. Una pesificación de los contratos de las empresas públi-cas privatizadas de capitales extranjeros, con dificultades de transferencias de ganancias al exterior y pagos contractuales en divisas, es de una magnitud aún no medible en sus consecuencias.
Aunque los efectos del default argentino, no tuvieron significativos efec-tos en la conducta financiera de los países de América del Sur, "el verdade-ro interrogante -dice un economista Jefe del Santander Central Hispano Investment- es "si la Argentina representará un nuevo paradigma que otros países latinoamericanos se sientan estimulados a seguir".
La ley de Emergencia Pública y de reforma del régimen cambiario, apro-bada en domingo 6 de enero (día de Reyes) por el Congreso argentino ten-dría enormes repercusiones políticas, financieras, económicas y sociales interna y externamente.

El amor rudo
Los contactos entre los Gobiernos de EEUU y Argentina son muy fluidos, pero por ahora solo están en el plano de la colaboración vía organismos multilaterales de créditos. Si el Plan es serio, económicamente sustentable y que funcione -dice O' Neill- luego hablamos" (FMI).
El "amor rudo" de la Administración Bush se ha puesto en marcha.
No se aplicó durante la crisis similar de Turquía.
Los asesores de Bush le aconsejaron darle apoyo de rescate en vísperas de la guerra asimétrica, la alianza de la NATO y la necesidad de mantener en vilo la amenaza a los kurdos iraquíes y quizás más adelante al mismo Sadam Hussein para controlar la fabricación masiva de armas químicas y bacteriológicas de destrucción masiva. Dijimos muchas veces que Argentina no es Turquía.
Se terminó el bombero del Norte que auxilia a los Gobiernos y a los tenedores de bonos de Wall Street y a las empresas americanas y europeas instaladas en países emergentes.
Nos quedamos con la frase de John Taylor, Subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales: Queremos seguir una política que no salve a los tenedores de bonos sino que mejore las condiciones generales del mercado".