| EL TERRORISMO
ISLÁMICO FUNDAMENTALISTA
Los últimos ataques terroristas en Ryad (Arabia Saudita)
y en Casablanca (Marrue-cos) dirigidos contra extranjeros occidentales
europeos y norteamericanos, expresan no sólo el rechazo,
sino que aspiran a la expulsión en una pretendida política
de radicalización, anunciada desde nuestra Coyuntura Política
a partir de los de-sembarcos, en Afganistán y particularmente
en Irak, de tropas occidentales, en busca de castigo a los líderes
del terrorismo y sus redes mundiales.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reaccionó
con las sanciones que emanan de las Resoluciones 1373 y 1377 para
perseguir a los líderes y evitar que los países afines
los apoyen en alguna forma.
Los países árabes, en particular la Liga Árabe,
pese a su dicotómica comunidad de intereses, producto de
las formas locales de Gobiernos teocráticos, dictaduras y
“dictablandas” más cercanas o alejadas de Estados
Unidos y Gran Bretaña, man-tienen aprensión y expectativas
crecientes en la medida que Irak se convierta en una panoplia de
intereses corporativos, petroleros, de los principales centros de
poder, o que se pretenda imponer un régimen democrático
de la noche a la maña-na en medio de una masa de etnias,
sectas y clanes acostumbrados a los dictados del soberano de turno,
caudillos políticos y/o religiosos.
El anuncio por parte del Interventor de la Coalición en Irak
de no fijar fecha para el retiro de la ocupación político-militar,
implica de hecho un incremento de la radicalización del terrorismo
fundamentalista musulmán y no excluyentemente islámico,
como se ha sostenido.
El principal justificativo de esta reciente guerra contra el régimen
de Saddam Hussein, tácitamente aprobadas por el Consejo de
Seguridad, con diferencias de “timming” entre Francia
(Chirac) y Estados Unidos (Bush) líderes de estrategias opuestas,
fue verificar la tenencia de armas de destrucción masiva,
aspecto que con gran desesperación las fuerzas de ocupación,
buscan denodadamente sin resultados positivos hasta el presente.
De no llegarse a evidencias indubitables, la guerra perdería
una fuerte cuota de legitimidad por más que aparezcan 15.000
o más personas asesinadas y enterra-das en fosas comunes
por disposición del criminal y genocida Saddam Hussein y
sus secuaces.
El Medio Oriente no tiene buenos recursos humanos
Estados Unidos, Gran Bretaña y sus aliados (-) de la OTAN,
no pueden basarse en los éxitos alcanzados después
de la IIGM en las zonas ocupadas de Alemania y Japón, que
adoptaron rápidamente las formas políticas y comerciales
de los regímenes capitalistas occidentales de las naciones
triunfantes.
Conviene recordar que ese capital humano tenía educación,
capacidad científica, tecnológica y una fuerza obrera
disciplinada.
Los incentivos de empezar una nueva vida alimentados por la producción
y el comercio fueron posibles.
En Irak y en el Medio Oriente estas condiciones casi no se dan.
Y sí otras, que agravan aún más el cumplimiento
de los objetivos políticos fijados por la coalición
de ayudar a generar un bienestar supuesto a partir sólo de
la libertad.
A irak y a Medio Oriente le faltan recursos humanos preparados mental
y físicamente alistados para emprender el cambio.
Ni en Alemania ni en Japón había terroristas y guerrilleros
fundamentalistas, como los que hay en la región arábiga.
Los ataques a los soldados de las coaliciones en Bagdad, las explosiones
de los coches-bomba en tres barrios de extranjeros, especialmente
estadounidenses y la explosión sincronizada con otros 4 atentados
, en el patio de comidas de la Casa de España en Casablanca,
la capital económica de Marruecos, son signos más
que evidentes que la guerra sórdida del terrorismo contra
los blancos occidentales y judíos empiezan a configurar una
peligrosa situación que pone en riesgo la paz y seguridad
internacional.
La Alerta naranja desde el 20.05 en todo el territorio de EEUU,
en base a informes de la CIA, indica la peligrosidad de la situación.
Las apreciaciones de una respuesta razonable
Se considera que en la región del Oriente Próximo
no habrá paz posible sin una búsqueda de una rápida
solución del conflicto israelí-palestino con la instalación
concreta del Estado Palestino entre otros muchos acuerdos de convivencia
civilizada.
Será también necesario un mayor conocimiento de las
múltiples sociedades del mundo árabe, de su religión,
de sus culturas, de sus etnias y conflictos internos por parte del
Gobierno unipolar de los Estados Unidos de Norteamérica y
sus aliados.
Por ahora la violencia militar y política del 1er. Mtro.
israelí, Ariel Sharon ha generado más violencia y
no menos se puede decir de las tropas de ocupación del territorio
iraquí, por parte de las inmensas ramificaciones del fundamentalismo
is-lámico y de los religiosos chiitas.
Por lo que ocurre, todo indicaría que Al-Qaeda no es una
organización terrorista centralizada, y aún jerarquizada
por una férrea disciplina estructural de partido extremista
tipo marxista-leninista.
Todo parece indicar que se trata de grupos dispersos que odian tanto
a los judíos como a los norteamericanos como corruptores
de la cultura y de la religión islámica; debido a
la irrupción de un proceso de americanización mundial
a través de las tecnologías modernas y sus productos
(Coca Cola, Mc Donald, música pop, etc.).
De la alerta amarilla a la naranja
La CIA y otros servicios de las potencias occidentales advirtieron
de la alta probabilidad que existía que la organización
Al-Qaeda dirigida por Bin Laden y sus planificadores de atentados,
el saudi Saif al Adel, intensificarán los atentados en todo
el mundo.
Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos
(IIEE) de Londres, Al-Qaeda es ahora más fuerte que antes
del 11-S y calcula que cuenta con millones de activistas en unos
noventa países.
En tanto, el francés Olivier Roy del Centro de Investigaciones
Científicas declara que “los atentados a Ryad y Casablanca,
son una respuesta a las guerras de Afga-nistán y Irak”.
El islamista marroquí Abu Seif al Islam del semanario saudí
Al Mayalah había declarado días antes de los atentados
en Marruecos que “Asistimos a la mundialización de
la Jihad y Marruecos está en el centro de huracán”.
Las actividades de Al-Qaeda
Los últimos atentados atribuidos a la red terrorista Al
Qaeda, de Osama Bin Laden, cuyas actividades se remontan a la última
década, son los siguientes:
• 1993: 26 de febrero. Una bomba en el World Trade Center
de Nueva York causa la muerte de 6 personas y más de 1.000
heridos.
• 1998: 7 de agosto. Dos atentados casi simultáneos
en las embajadas de Kenia y Tanzania causan la muerte de 301 personas
y 5.000 heridos.
• 2000: 12 de octubre. Ataque contra el destructor estadounidense
Cole, atra-cado en el puerto de Adén (Yemen), con 17 soldados
muertos.
• 2001: 11 de septiembre. Atentados suicidas contra las Torres
Gemelas de Nueva York y el Pentágono. Mueren más de
3.000 personas.
• 2002: 8 de mayo. Un atentado suicida reivindicado por Al
Qaeda en Karachi, con 12 muertos.
• 23 de junio. Atentado contra una sinagoga en las isla tunecina
de Yerba, tras hacer explosión de un camión con garrafas
de gas.
• 12 de octubre. Estallido de un coche bomba en Kuta, al sur
de la isla indonesia de Bali. Fue atribuido a la Yemah Islamiya,
grupo vinculado a Al Qaeda. Mueren 202 personas y son heridas 352
en su mayoría turistas.
• 28 de noviembre. Doble atentado en Mombasa (Kenia). Mueren
16 personas, tres de ellas israelíes. Al mismo tiempo fue
atacado con misiles un avion israelí al despegar con 240
israelíes a bordo.
• 2003: 12 de mayo. Decenas de personas mueren en explosiones
simultáneas de varios coches bomba en tres distritos residenciales
de Riad. Se acusa a Bin Laden.
Los servicios antiterroristas de Washington creen que Al Qaeda vuelve
a ser fuerte en varios países africanos y que ha establecido
una base de entrenamiento en Sudán.
En tanto, el Gobierno de EEUU considera que los atentados recientes
en Riad y Casablanca, es probable que formen parte de una campaña
de reactivación, incluso de distracción mientras se
preparan otros contra el terriotorio de EEUU.
Conclusiones
• El desembarco de los ejércitos occidentales en Afganistán
e Irak, por más legitimidad que justifiquen las operaciones
provengan o no del Consejo de Seguridad, han despertado el aletargado
resentimiento de amplios sectores del mundo árabe (26% de
la población mundial) y dado motivos suficientes a los fundamentalistas
islámicos para iniciar desde 1999 una campaña cada
vez más creciente de terrorismo dirigido a blancos occidentales,
especialmente de origen norteamericano en cuanto a lugares, pero
indiscriminado en cuanto a personas.
• El plan de paz (Hoja de Ruta) trazado por EEUU, Rusia, la
Unión Europea y las Naciones Unidas pone en marcha un operativo
para reflotar la paz y se-guridad internacional afectada por la
crisis del Oriente Próximo.
• El centro de gravedad de la tensión en el Área,
primariamente en tiempo “post Irak” se planteó
con Siria y con Irán.
Pero tampoco quedó atrás la monarquía saudí
árabe, desde la participación en Al Qaeda, de Bin
Laden, que dispone de los fondos producto del petróleo saudí
y un gran beneplácito de los wahabistas en la serie de atentados
a partir de 1993.
• Ryad negó el uso de las bases norteamericanas para
atacar a Irak. El 29 de abril el Jefe del Pentágono anunció
el retiro de todas las fuerzas de Arabia Saudita. El Centro de Operaciones
se trasladará a Qatar. Bin Laden, vivo o muerto, es popular
en el país saudí.
• Bin Laden avisó que los infieles deben irse del país
de la “tierra sagrada” de las “dos mezquitas santas”,
donde hace 14 siglos nació Mahoma, el fundador del Islam.
• En la tierra de la monarquía de los Saud, tres atentados
contra norteameri-canos volvieron a tensar la cuerda y generar otra
crisis entre Ryad y Washington. Bin Laden o quienes lo siguen mantienen
en vilo al Occidente norteamericano y europeo.
• La peor de las guerras (terrorista) continúa sin
prisa y sin pausa.
• LA ALERTA ES CONSTANTE Y EL FINAL ABIERTO, SIN BATALLAS
NI GRANDES VICTORIAS.
Director Propietario: Lic. Julio Juan Bardi
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