La gran injusticia internacional

El despojo de los poderosos a los pobres del mundo

Doha es una especie de hermano menor de la lujosa Dubai, que cuenta con sólo 400.000 habitantes. Doha es la capital de Katar.

Emulando a Dubai, aspira a convertirse en un destino turístico exótico para pocos, muy adinerados. La próxima construcción será una isla, llamada La Perla, con un costo de 2.000 millones de euros y cinco hoteles de 5 estrellas. La previsión es acoger a un millón de turistas en los próximos dos años, alojados en 40 nuevos hoteles.

Doha también es el nombre de la Ronda organizada y lanzada en el 200, por la Organización Mundial del Comercio –OMC- que preside su Director General, Pascal Lamy. Un señor que en otros tiempos al frente de Comisariato Europeo defendía los subsidios agrícolas de los franceses, en nombre del 7% de los agricultores de Francia, basado en el “principio” de la multifuncionalidad del campo.

Entre ellos subsidiar a los agricultores corporativos que reciben el 80% de los subsidios; dicen que es para evitar el éxodo del campo a la ciudad. En verdad las ciudades no se rodean de campesinos europeos, sino de inmigrantes fuertemente discriminados asiáticos, turcos, eslavos y africanos.

Pascal Lamy ahora es un fuerte impulsor de llegar a un acuerdo entre los proteccionistas países de EEUU, Japón, Europa, Corea y otras menores.

Estos cantan loas al libre comercio internacional U$S 400.000 millones al año (más de U$S 1.000 millones diarios) para proteger sus producciones graníferas y ganaderas.

A propósito, mientras el europeo recibe por una vaca U$S 2,5 diarios, en el mundo hay 1.500 millones de personas que viven con menos de U$S 2 por día.

Por otra parte, resulta chocante que se haya elegido a Doha como símbolo de esta ronda donde el lujo de los emires y sus cortes de ministros se mueven en limousinas y Ferraris último modelo, mientras el mundo de los países agrícolas sigue injustamente castigado ante la veda al ingreso del producto agrícola de sus trabajos a la intemperie, víctimas a veces de los cada vez más frecuentes cambios climáticos globales (sequías, inundaciones, incendios).

La Argentina es una de las grandes víctimas de esta ignominiosa injusticia de los poderosos del mundo. Felizmente China ha venido a llenar esta enorme brecha con sus crecientes compras de productos del campo para cubrir los crecientes déficit alimentarios de su enorme población de 1.350 millones de personas.

El ex Canciller argentino Guido Di Tella hablando de los prejuicios para ocasionar esta agresión afirmativa que en el período 1979-1999 la región latinoamericana hubo sufrido por la política de subsidios, una pérdida de más de U$S 205.000 millones.

Miembros en los emiratos árabes se levantan “catedrales de lujo” sobre islas artificiales, en otra parte del mundo, las potencias proteccionistas han decidido seguir prohibiendo el ingreso de productos agrícolas y de este modo reducir los ingresos de los países emergentes, aumentando en la mayoría de ellos la pobreza.

La Declaración del Milenio de Naciones Unidas aspira a reducir el hambre en el mundo a la mitad, antes del 2015.

A este ritmo lento y con estos obstáculos esta meta por ahora aparece incumplible por más esfuerzos y declaraciones que haga Jeffrey Sachs, designado por el Secretario General de la ONU para evaluar esta meta.

Cabe preguntarse si no estamos en presencia de una evidente violación de los derechos humanos y si no merece en consecuencia iniciar acciones jurídicas en tantos tribunales internacionales.

Si se ha acudido a la Corte Internacional de la Haya porque una “pastera” intenta modificar y deteriorar el ambiente del Río Uruguay; del mismo modo, se debería iniciar una acción conjunta de los países del Mercosur, el Grupo de los 20 y el Grupo Cairns.

El mismísimo Pascal Lamy, en un escrito en La Nación del 7 de agosto de 2006, dijo enfáticamente:

“No era posible llegar a ningún acuerdo sin reducir sustancialmente los aranceles que restringen considerablemente el comercio de productos agrícolas y las subvenciones que afectan a los pobres”.

Bush, estaba en agosto de 2006 ansioso por revivir la fracasada Ronda de Doha, lo cual era bastante improbable en vísperas electorales en EEUU.

También Brasil con su Canciller Celso Amorin y Susan Schwab, la Secretaria estadounidense de Comercio, reunidos en Río de Janeiro (agosto 2006) se prometieron que pese a los diferentes y posturas opuestas, “tanto Estados Unidos como Brasil quieren una negociación ambiciosa, equilibrada que aporte ventajas a los países en desarrollo y en particular a los más pobres”.

Un asesor del Consejo de Relaciones Exteriores de la Casa Blanca, Jagdish Bhagwati, dijo que “sin duda el Pte. Bush después de las elecciones de noviembre tratará de revivir Doha”.

Después del fracaso de los negociadores reunidos en Rusia en julio 2006, Pascal Lamy en un discurso ante los Jefes de Estado del G-7, les dijo que la respuesta sobre el éxito o el fracaso de la Ronda, “la tienen ustedes que están sentados en la mesa”  advirtiendo que “la traba en la que estamos atrapados nos conducirá al fracaso muy pronto si Uds. no dan a sus ministros más espacio para la negociación” y les reiteró “que pongan fin a las acusaciones mutuas que dificultan los avances de la negociación”.

Han transcurrido muchos meses desde aquel entonces (1º de agosto 2006 – El Cronista – Argentina). Nada trascendente ocurrió. La guerra civil de Irak concentra todos los esfuerzos bélicos y presupuestarios del Pte. Bush y sus colaboradores. Una reducción del excesivo gasto público en pro de menores impuestos, más crédito y menores tasas de interés en el futuro, particularmente, en Europa y Estados Unidos.

Este enfoque unilateral y egoísta por parte de los países potencia, trae consecuencias graves:

  1. debilitamiento del sistema de comercio multilateral
  2. se desprecia el enfoque global
  3. se posterga una vez más la cuestión de los subsidios. En tal caso aumenta el grado de pobreza y desigualdad en los países productores de materias primas agrícolas
El cambio climático global afecta y afectará los cultivos en el futuro.