LA GEOPOLÍTICA EXTERIOR DE BRASIL
Buenos Aires, 23 de mayo de 2001

 La Política Exterior de Brasil sigue infisionada por las ideas rectoras de sus geopolíticos Golbery do Couto e Silva, Mário Travassos, Meira Mattos, Lysias Rodrígues, Teresinha de Castro, etc., de construir una potencia sudamericana territorial y marítima capaz de brillar con luz propia entre las grandes y poderosas naciones del mundo.
Brasil, con una población de 170 millones de habitantes, una superficie de 8.511.965 kms²., un PBI de U$S 1.100 mil millones, un per cápita de U$S 4.630 a paridad de poder adquisitivo (75 en el orden mundial) y una deuda externa de U$S 232 mil millones, se considera un país continente en capacidad para inaugurar una nueva etapa de integración del subcontinente.
 Este proyecto de Brasil lanzado contundentemente el 31 de agosto de 2000, se basaba según los textos del ex Canciller Lampreia en "compartir los países (sudamericanos) un mismo espacio geográfico, prácticamente una isla ligada al resto del hemisferio por el istmo centroamericano, la vuelta a la democracia (clave de acercamiento) y la presencia del Mercosur y otros bloques como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), y por último, la superación de suspicacias y animosidades de regímenes anteriores.
 La Agenda que trazó Ytamaraty para la Cumbre de América del Sur en Brasilia el 31.08.00, contenía la esencia, desarrollada para el objetivo ulterior de unidad sudamericana, a saber:

= la democracia como compromiso mayor y condición necesaria para un    esfuerzo regional concertado y coordinado
= integración comercial (alta prioridad)
= infraestructura de integración
= combate al crimen organizado y al tráfico de drogas
= intercambio de información, conocimiento y tecnología
 Estos objetivos específicos en términos de políticas estaban "condicionados al desarrollo de la capacidad de los individuos y de las sociedades de competir y agregar valor a una economía mundial apoyado en bienes y procesos de creciente intensidad tecnológica".
 Bajo estas premisas el Palacio de Ytamaraty a través de su Canciller L. Lampreia (29.08.00) entreveía una visión con punto de partida de un proceso de asegurar las condiciones de conducir en forma solidaria y soberana la construcción de un futuro consistente en
  "nuestras sociedades están convencidos de que su desarrollo pasa por una América del Sur más coordinada y unida a la búsqueda de soluciones para los desafíos que le son propios".
 Para sustentar esos propósitos, Lampreia señaló en ese entonces que Brasil estaba dispuesta a "desempeñar un rol compatible con su tamaño y con el tamaño de su mercado y de su territorio".
Se trata de un intento de asociación sudamericana liderada por Brasil, a la vez que coincide con otras nuevas metas mundiales de asociación para integrar mercados de libre comercio abiertos o no y como ganar mayor poder de negociación frente a megaproyectos, como el de la asociación de Libre Comercio de las Américas, lanzado por el Pte. Bill Clinton en la Cumbre de las Américas el 10.12.94 en Miami, sobre la base de las ideas del ex Pte. George Bush (Iniciativa para las Américas), y que hoy intentó revitalizar en Québec, su hijo y Pte. de los EEUU, George W. Bush.
 Esta reunión de Basilia del 31 de agosto de 2000 no alcanzó para elaborar un proyecto sudamericano capaz de enfrentar al proyecto norteamericano.
 Tampoco el proyecto de Mercado Común del Sur ha sido capaz de avanzar lo suficiente en potencialidad y acuerdos macropolíticos, económicos y comerciales como para hacer pesar, contraponer y gestar políticas propias de convergencia.
Las tardías e ineficaces promesas de profundización del Mercosur van quedando como hitos de debilidades intrínsecas de los países componentes y del bloque.
 El Mercosur no es un Mercado Común, ni una Unión Aduanera, ni una perfecta Asociación de Libre Comercio. Felipe de la Balze, un economista estrategia ha llegado a calificar el Mercosur como una "Integración imperfecta".
 Con estas realidades se presentó el Mercosur en el seno del ALCA en Québec, Canadá, el pasado mes de abril, ante un EEUU con intención de liderar, pero sin el necesario "fast track" para cerrar "acuerdos rápidos comerciales" sin pasar por los tortuosos meandros de los intereses sectoriales de los congresistas de los EEUU.
 El proyecto geopolítico de crear un polo económico de alto crecimiento en una región sin conflictos militares y estratégicos, estable políticamente e inserta plenamente en la economía mundial a través de una estrategia preferencial con los EEUU (NAFTA) y con Europa (Unión Europea) no es desacertado.
 La estabilidad política está comprometida en la América Andina, los sucesos en Ecuador y Perú de buscar cambios por abandono (Fujimori) y relevamiento por revolución indígena en Ecuador (Jaime Mahuad), una Colombia en riesgo de partirse territorialmente con movimientos narcoguerrilleros en posesión de áreas desmilitarizadas y una Venezuela en poder del Tte. Cnel. (Chavez) con aires de Gran Bolivariano, liberador de pueblos pobres e ínfulas de potencia, gracias al don del petróleo de sus entrañas.
 Bolivia, financiada y apoyada por EEUU ensaya un programa político, económico y social cuyos parámetros sociales, tienden a agravarse dentro de una gobernabilidad impuesta por la fuerza de las armas.
Así como en el siglo XVI, la conquista ibérica procuró una honda unidad cultural y religiosa de estos territorios marcados por una gran diversidad de paisajes y poblaciones, ni la ALAC, ni ALADI, embriones de proyectos superadores a través del comercio, reivindicaron la utopía a través de una unión comercial más o menos libre.
 El mestizaje biológico y cultural, consecuencia de aquella época colonial sigue afectando no sólo la unidad local, sino también la continental y regional, hoy fuertemente afectada por los grandes desniveles de desarrollo entre un Norte avanzado y un Sur retrasado.
A pesar que desde la década del '80, con la desaparición progresiva de los regímenes militares, no se han atenuado las tensiones sociales, económicas, culturales y de identidad que se reflejan en los alarmantes índices de corrupción, venalidad y criminalidad de todo tipo.
El éxodo rural ha acelerado el deterioro de la calidad de vida de las ciudades, provocando una anárquica urbanización de barriadas pobres y miserables desarrolladas en las periferias urbanas.
 El resultado es el alto desempleo, el paro, la pobreza y el advenimiento de gran cantidad de pequeños movimientos sociales que tratan de emparentarse políticamente, rompiendo los partidos políticos tradicionales que no han comprendido los cambios que vienen.
La cuestión social hipoteca seriamente el futuro desarrollo económico ante una clase dirigente y en especial la política que aparece confundida y sin objetivos y ni un claro rumbo estratégico superador de las crisis crecientes.
 Las proyectos políticos exógenos no han dado resultado. La dependencia externa ha sido más fuerte. Se ha perdido el equilibrio y el control del propio accionar.
 La interdependencia está ganando espacios al soberanismo local.
Por ello el sueño de la integración sudamericana que propende Brasil se está diluyendo por exceso de ambición de liderazgo e intempestivos cambios que afectan a sus socios.
 Un excesivo voluntarismo sin acompañamiento de políticas de integración sanas, equitativas y constructivas, empequeñecen las negociaciones para una rápida inserción internacional.
Una equivocada preponderancia de lo meramente comercial con todos sus conflictos de intereses, menguan equivocadamente la importante cooperación y alianza estratégica de carácter político para hacer frente a las amenazas cada vez más crecientes del tráfico de drogas combinado con guerrilleros inserto en un paquete mayor del crimen económico internacional, que está relajando estos países débiles en mayor o menor grado.
 Se requiere un urgente cambio de enfoque si no se arregla primero lo político y la política será difícil arreglar las diferencias del desarrollo económico y social.
 Debemos tener en claro que para Brasil el Mercosur "es un peón y eso no basta" (Cardoso) y que el ALCA "es una alternativa, no un destino" (Lafer).