LOS ESTADOS-NACIÓN DIFERENCIADOS

En todas las épocas hubo gobernantes y aún países presos de fanatismos religiosos, étnicos, políticos, ideológicos, etc.
Así como en la década del ’30 apareció un Hitler que fanatizó a su pue-blo impregnado de nacionalismo y revanchismo por la opresión y las duras cláusulas impuestas por la derrota sufrida en la IGM. También los jerar-cas rusos se compraron la receta alemana de Carlos Marx y … Lenín, y bajo la trágica dictadura de Stalin, después de eliminar a 6 millones de opositores, impusieron el comunismo de estado e intentaron durante décadas, “vender” el marxismo como panacea mundial, prioritariamente a los pueblos del tercer mundo, donde aún era posible extender el mapa ideológico de la gran utopía de los Estados sin gobierno, sin capitalismo, disponiendo de todos los bienes de la comunidad, supuestamente para todos y para nadie (eliminación de la propiedad privada, de la producción, servicios y de la familia).
Los fanáticos, los no tan fanatizados y el mundo tardaron 70 años (has-ta 1989) para comprobar que el régimen dictatorial del“gobierno del pro-letariado” no funcionó.Y para ejemplo, dejaron a Cuba con un “loco” (Fidel Castro) que aún es seguido por algunos nostálgicos de una ideología superada.
Todos los hombres y mujeres, a diario, generan millones de utopías. Unas pocas alcanzan a materializarse, se convierten en ideas y más tarde algún líder revolucionario y sus militantes logran implantar sus programas políticos a costa de persecuciones y muertes, en algunos casos.
Las ideologías implantadas desde afuera no duran, se imponen, se des-arrollan y se derrumban abruptamente.

La guerra fría y las zonas de influencia

Ante la imposibilidad y horror al holocausto entre las grandes potencias, sólo las guerras periféricas en las zonas de contacto aparecieron de uno y otro bando, los Estados donde de una y otra manera se libró la guerra abierta o sucia, con los resultados conocidos en África, América Latina y Asia, principal
Así como en las décadas del ’60, mente. ’70 y ’80 fueron de duros en-frentamientos, la del ’90 fue quizás el mejor período para el imperio de la paz, en un mundo con un Consejo de Seguridad dispuesto a
trocar la guerra en acciones de paz y seguridad internacional.
Las tropas de paz de las Naciones Unidas y sus múltiples y extensas mi-siones en diversos teatros de operaciones bajo la conducción del ex Se-cretario General, Boutros Ghali, dieron por resultado un mayor protago-nismo de las Naciones Unidas y un mejor balance económico social global, sin por ello desconocer el agravamiento de la pobreza por una distribu-ción de la riqueza global asimétrica.
La implosión de la URSS y el ascenso de EEUU como única superpotencia global cuasi imperial, ha dado lugar al nacimiento de una nueva autoridad mundial, que aprovecha de su circunstancia como todos los imperios de la historia hasta nuestros días, de extender sus ideales, sus doctrinas y sus imposiciones para el logro de los intereses nacionales propios del Esta-do-Nación, que aspira a su supervivencia proyectada, más allá del medio siglo (2050).

Los Estados diferenciados

A medida que se desarrolla, crece la democracia y la extensión de la de-fensa de los derechos humanos, queda un grupo de Estados en situación ne-tamente diferenciadas:
• los Estados bajo dictaduras extremas
• los Estados fanatizados
• los Estados fallidos
• los Estados colapsados,
y, por supuesto, una gama confusa de otras situaciones intermedias. Sirva esto sólo para ayudar al análisis y conocer quien es nuestro vecino, lejano o cercano, es esta cada vez más pequeña aldea globalizada por la ciencia, la técnica, las finanzas, la economía, la política, etc.

Los Estados bajo regímenes dictatoriales

La reciente historia nos presenta algunos líderes dictatoriales que han crecido a la sombra, protegidos y ayudados por las grandes potencias, o simplemente porque tenían la llave maestra que les otorga la posesión abundante de un bien estratégica como el petróleo.
Así surgieron los M. Khadafi, los Sadam Hussein en el segundo caso, y en el primero, los Fidel Castro, el Vietnam, la Corea del Norte, etc.
Valga el ejemplo de Fidel Castro que como relata el prestigioso colum-nista Carlos Alberto Montaner, en La Nación – Sección Enfoques, pág. 6, estuvo dispuesto con su enfermizo fanatismo antinorteamericano a disparar los cohetes balísticos que la URSS había colocado imprudentemente en la Isla en la época de John Kennedy y NIkita Kruschev. Sólo la racionalidad civilizada del segundo y la firmeza del primero, salvaron al mundo del holocausto.
El problema de hoy son las amenazas que siembran estos tiranos que tra-tan de sobrevivir fabricando armas de destrucción masiva, ayudados encubiertamente por algunas potencias de segundo orden para menguar y/o limar el poder de los Estados Unidos y de Occidente.
Sin apoyo tecnológico y compra de insumos para fabricar las armas, poco podrían hacer, minando la paz del mundo.
Estados Unidos, después del severo golpe a la vulnerabilidad supuesta de su nunca alocado territorio, ha pasado a la ofensiva fijando los blan-cos en aquellos países que apoyan al terrorismo transnacionalizado como en los casos de Afganistán, Irak, etc., y/o que alguno de ellos fabriquen armas ABQ de destrucción masiva.
Así planteado el tema, la Administración Bush con el apoyo del Congreso de EEUU está dispuesta a llevar a cabo el desarme ampliado de Irak, ya por vía de la ONU (inspectores) o por sí mismo si no se logra lo primero.
En el mundo se ha instalado un debate profundo entre dos modos de reducir o eliminar el mal de la destrucción del hombre por vía de
La prevención, o la
sanción punitiva
La Carta de la UN, sabiamente, prevé ambas situaciones.
El debate gira alrededor de si es posible comprobar fehacientemente que el violador de la paz posee o no la armas, en qué cantidad y medida tal que constituyan una real amenaza para la humanidad.
Bush y los Estados Unidos ya disponen de la aprobación del Congreso para eliminar ese peligro.
Sólo quedan 4 ó 5 meses de interregno para la adopción de la medida extrema si fracasan los inspectores de las Naciones Unidas.
En ese lapso es posible que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad entiendan que la amenaza es real y que la sanción es de aplica-ción, según el Cap. VII de la Carta de la UN.
Montaner dice que a “los locos” “hay que ponerles la camisa de fuerza antes de cometer los crímenes”.

Director Propietario: Lic. Julio Juan Bardi