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HACIA DÓNDE VAMOS?
El avance de la revolución tecnológica y su consecuente fenómeno de la globalización o mundialización de la economía, las finanzas, el comercio y poco a poco la política (como el fenómeno del combate incierto del terrorismo) nos lleva a cuestiones más profundas que alcanzan a modificar la cultura de los pueblos.
Estamos construyendo un hombre máquina a modo de los robots, con jóvenes pegados a la pantalla del Internet, inmóviles, librando batallas virtuales en los juegos electrónicos que deforman despiadadamente sus mentes, volviéndolas a un pasado de violencia, droga y criminalidad.
En muchos centros educativos de los llamados países desarrollados, se está borrando de la currícula la filosofía y la cristiandad. Lo están haciendo así, aquellos dominados por un materialismo pragmático, que conduce a la anulación de la persona humana, sólo dominada por el lucro y el ocio.
No quieren que el hombre piense?. ¿Qué sólo exista para obedecer los designios de los poderosos, sedientos de poder por el poder mismo?.
La filosofía, como la ética son asignaturas transversales que molestan a ciertos poderes y gobernantes hegemónicos, que prefieren tener súbditos y no ciudadanos.
Necesitamos más ciudadanos y más ciudadanía, considerada como base y fuente de virtudes político-democráticas, autora de reflexiones argumentadas, pensamiento crítico e innovación constructiva.
Los gobernantes deben pensar y reflexionar para sus mandantes y no al revés, como está ocurriendo en muchos lugares del mundo.
Lenin, Marx, Stalin, Hitler, Mussolini, intentaron construir un mundo único, con ayuda del marxismo, comunismo y del nacional socialismo. Antes de lograrlo se autodestruyeron. Imaginaron un mundo mackinderiano, se apoyaron en el proyecto geopolítico del Gral. Karl von Haushoffer (1860-1946), diseñado para los alemanes, pero aplicado por Lenin y sus seguidores de la II GM.
La debilidad geopolítica, F. D. Roosevelt al firmar los acuerdos de Yalta, facilitó la expansión del imperio ruso, recién hoy retocados por el otro poder emergente como única superpotencia mundial con centro de poder excéntrico de Washington respecto del continente euro asiático, critica aquella traumática y trágica decisión.
En el segundo mandato, George W. Bush enarbola los principios de la libertad y la democracia, como paradigmas para librar una batalla ideológica en todo el mundo. Sin embargo, tiene que reconocer que su gran competidor estratégico, China Continental avanza a pasos acelerados (9% PBI promedio en los últimos 25 años) comienza a disputar parte de ese mundo hegemónico que los EEUU como política de Estado impulsan desde el fin de la IGM y hoy florece después de derrotar a su contendiente más próximo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sin disparar un solo misil intercontinental de su vasto arsenal militar repartido alrededor del “rimland” euroasiático.
Los latinoamericanos se quejan cada vez más asiduamente que EEUU no atiende al vecindario del Sur. Es cierto, pero relativamente.
Casi todo el poder norteamericano está concentrado en pensamiento, obra y acción en el continente euroasiático, ya que concentra el 60% de la población del mundo y el 20% del PBI total.
Con Europa Occidental y Central ha establecido alianzas perdurables siendo la NATO la más importante, en Oceanía con Australia y Nueva Zelanda y en el sudeste asiático con Japón, Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Filipinas. En tanto construye un nuevo arco en Afganistán, Uzbekistán, Kirghizstan y Tayikistan, aumenta su presencia en los Balcanes euroasiáticos que rodean el Mar Caspio.
Las multinacionales europeas, norteamericanas, japonesas, coreanas y taiwanesas son los principales inversores del despegue chino en este siglo XXI.
O sea que estamos transitando una fenomenal alianza no escrita, temporaria de manifiesto apoyo en la carrera del crecimiento y del poder entre los EEUU y el cada vez más concentrado núcleo de poder económico, financiero y comercial de China, Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán y Singapur.
A medida que siguen aumentando el PBI éstos dos grandes núcleos del protagonismo del siglo XXI la demanda de recursos de la naturaleza crecerá, encontrando sus límites en la escasez, la distancia, la indisponibilidad por pertenecer a otros que a su vez serán demandados por los buenas o por las malas praxis autoritarias, ya por convenios compulsivos, o por la guerra en sus diversas formas, abiertas o encubiertas.
De este modo acelerado, para llegar a la meta 2015 de las propuestas de la Declaración del Milenio y del 2050 con sus 8.000/9.000 millones de humanos demandando alimentos y agua para sobrevivir, los contrapesos del mundo emergente, tanto de los países pro nucleares (Irán, Corea del Norte) y de más de 70 Estados débiles (cuasi inexistentes, marginados o excluidos) profundizarán la brecha de la desigualdad mundial entre Estados y aún dentro de ellos mismos.
En este segundo mundo de países emergentes tenemos que observar que los conflictos internos se incrementan. Las luchas por el bienestar de la mitad de la población mundial, con empleos formales e informales infrasalariados, más las reacciones que los primitivos dueños de las tierras (movimiento indigenista mundial) van fragmentando más y más las débiles estructuras de las cuasi instituciones democráticas.
La cláusula democrática se va horizontalizando. Los gobernantes de turno la firman de puño y letra ante la mediática universal, las regulaciones para que los gobernados piensen que a partir de ese momentum histórico, todo va a cambiar.
Sin embargo, lo que escriben con la mano lo borran con el codo, porque es tal la trabazón interna, la verticalización y rigideces de los partidos políticos, la fosilización de las estructuras que no alcanzan para orientar al pueblo y a la vez competir con altivez los desafíos que le ponen las ONG de todo tipo, color político y tamaño, los organismos internacionales sistémicos y las grandes multinacionales que aparecen con sus enormes y complejas dimensiones como Estados particulares dentro de uno o más Estados.
Por otra parte, habría que preguntarse quien destruye más en el día a día: el terrorismo radicalizado o la corrupción generalizada en todos los niveles y los ámbitos.
Desde el joven que para ganar un empleo se corrompe hasta el poderoso que para acumular poder pacta con Mefistófeles o el Diablo encarnado en algún grupo o persona instalada en el poder.
El mundo musulmán, más allá de representar un buen porcentaje (1.780 millones de seres) de la población mundial, se presenta como una religión fragmentada (y en parte radicalizada, al punto que padece del síndrome de terrorismo de Al-Qaeda), con un brutal desajuste en su desarrollo y riqueza distributiva y variada inserción en la comunidad internacional.
Además de Pakistán como potencia nuclear, Irán está dispuesto a avanzar con su programa nuclear, pese a la insistencia de la Unión Europea y la dureza de EEUU de impedir la proliferación.
Otro desobediente obnubilado por la carrera nuclear es Corea del Norte, empeñado en desarrollar dispositivos bélicos balísticos intercontinentales que ponen bajo amenaza a EEUU y sus aliados cercanos, Japón y Corea del Sur.
Hoy día Irán y Corea del Norte constituyen dos amenazas antrópicas nucleares que mantienen en vilo a la comunidad internacional y donde las Naciones Unidas, pese a su rol específico de velar por la paz y la seguridad internacional, con su poder limitado por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad, no logra imponer la No Proliferación.
La Resolución del Dpto. de Estado de los EEUU de conducir estas dos crisis por la vía diplomática es un enorme contribución a la paz y seguridad planetaria.
Por supuesto que EEUU desarrollara nuevas tecnologías militares, tanto para completar su defensa galáctica como para destinar la menor cantidad de soldados, utilizando aviones sin tripulaciones o reclutando soldados de carne y hueso altamente dotados de tecnologías protectoras.
En la América del Sur casi excluida por los conflictos en Eurasia, los países emergentes como el del imperial Brasil tratan de liderar la región creando nuevas estructuras para alcanzar cierto poder, dialogar y negociar con las otras regiones estructuradas del mundo, Unión Europea, CEI, ASEAN, China, India, Estados Árabes, países africanos atlantistas, Grupo de los 20, G-7, Grupo Cairns, etc., con el triple propósito del reconocimiento, el comercio y la inserción internacional.
En esta concepción de liderazgo regional de Brasil (señalada por Condolezza Rice, la cabeza visible de la nueva política hegemónica de EEUU) la Argentina rebelde tendrá que optar o no
ratificar su alianza con el vecino y avasallante Brasil
sumar a Chile para una alianza con los EEUU
unirse a los destinos declinantes de la UE
o esperar para hacer alianza con China, potencia asiática estratégica, proveyéndole materia prima para su liderazgo mundial más allá del 2020
La quinta opción es estar en todos lados y en ninguno, y navegar a la deriva por las Cancillerías del mundo. Una de las críticas más mordaces de algunos países o personalidades, es que Argentina no tiene planes estratégicos para el futuro.
A medida que crece la globalización, la revolución tecnológica hoy caracterizada por la instantaneidad y la inmediatez, aumenta la interdependencia y el recorte del “soberanismo”.
Es por todo ello que volvemos al punto de partida, si no arrancamos con la razón de ser de Hombre en esta Tierra hermosa y privilegiada, alimentado por la filosofía y la ética seguimos descendiendo a un mundo que desfila ante nuestros ojos solo a través de la pantalla de TV, de la computadora y ahora la del celular (proliferación de imágenes que atentan contra la imaginación).
La nube de consumo y telecomunicaciones en que estamos inmersos; algo así como una cosmotecnología, apenas produce momentos de fugaz felicidad, de vínculos a distancia e incorporación de ritos ajenos a la identidad.
Dice Mario Augé ¹ que lo que “ presenciamos en la actualidad es una dislocación y una descomposición general del lenguaje de los fines de la vida económica, social y política del mundo sobre todo en las grandes democracias occidentales. El único fin del sistema económico parece ser su propia reproducción.
Estamos hartos de los dioses-objetivo. Es necesario meditar sobre los otros y sobre todo porque Dios nos puso en su camino.
El Dios-objeto de la modernidad y la sobre modernidad no nos sirve; debemos ir, como dice Romano Guardini ² : “El poder del hombre crece inconteniblemente en todos los lugares; puede incluso afirmarse que es ahora cuando está alcanzando su estado crítico … este creciente poder se ha convertido en una amenaza a nosotros mismos. El holocausto nuclear al que se agrega el uso de las armas químicas y biológicas de destrucción masiva, nos lleva a épocas futuras a concluir que lo importante no es el aumento del poder sino su dominio”.
Agrega que “en lo esencial la edad moderna ha llegado a su fin. Aunque aún quedan restos de otras épocas”.
Se puede afirmar que estamos al comienzo de una nueva época histórica que empieza a dibujarse en este siglo XXI, sin muchas precisiones y en medio de una gran incertidumbre producto de la inestabilidad y la inseguridad internacional.
El hombre debe empezar a educarse por sí mismo para la distancia, para la independencia del juicio, ya que está capitulando ante los poderes de la violencia y el caos.
La obra de dominio del hombre que nos está encomendada nos debe llevar a la libertad. La pregunta es si estamos educados para el buen empleo del poder. Lo que parece es que no se tienen ideas muy claras de lo que hay que hacer.
El hombre debe conocerse y dominarse a sí mismo. Sólo así podrá salvarse la humanidad.
Se necesitan administradores de buena voluntad para dominar la naturaleza y ponerla al servicio sostenible de las generaciones futuras. De otro modo, como el Gran Leviatán estallaremos para comenzar de nuevo en la barca de Noé.
¹ ¿Porqué vivimos? – Marc Auge – Editorial Gedisa
² “El Poder” – Romano Guardini – Ediciones Cristiandad S.L. 1982
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